Hombres poderosos ensombrecidos por escándalos sexuales
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La relación entre el sexo y el poder se puso de manifiesto este martes cuando el héroe de películas de acción y ex gobernador del estado de California (suroeste de EEUU) Arnold Schwarzenegger admitió haber concebido un hijo con una de sus empleadas.
Esto provocó que se rompiera el matrimonio de Schwarzenegger y Maria Shriver -integrante de la familia Kennedy-, que duraba desde hace 25 años.
O'Hara precisó que los adictos al sexo y los agresores sexuales son grupos patológicos distintos, cuyos comportamientos disfuncionales pueden coincidir.
Por su parte, el experto Robert Weiss opinó que los hombres en el súmmum del poder son particularmente adeptos a este tipo de comportamiento. Incluso escribió un libro sobre este síndrome que se titula "Por qué los hombres en el poder pasan al acto" ("Why Men in Power Act Out).
"Si bien funcionan a niveles intelectuales muy altos, una sensación de invulnerabilidad combinada con poca precaución y una constante presión por el éxito pueden dejarlos emocionalmente vulnerables al grado de socavar los logros que han conseguido con tanto esfuerzo", dijo.
"La adicción al sexo ha afectado a alguna de las personalidades más notables de la televisión, la política y el entretenimiento", agregó, dando como ejemplos al ex presidente Clinton y al golfista Woods.
La imagen de Clinton fue ensombrecida por el escándalo que generó la relación sexual que tuvo con una pasante en la Casa Blanca, mientras que el matrimonio de Woods se rompió el año pasado tras admitir varios adulterios.
Los expertos acotaron que es raro que un político vaya a la cárcel por crímenes sexuales, ya sea porque la mayoría de ellos se abstiene de continuar con el comportamiento criminal o porque sus víctimas no presentan cargos.
Sin embargo, la excepción a la regla es el ex presidente israelí Moshe Katsav, sentenciado en marzo a siete años de cárcel por violación, acto cometido mientras ejercía como ministro, a fines de los años 90.
Las opiniones en cuanto a la adicción sexual no son unánimes, incluso entre los profesionales de la salud mental. La Asociación Psiquiátrica Estadounidense no reconoce formalmente la adicción al sexo como un desorden mental.



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