George Bush no logra encarrilar el problema iraquí. Mientras se intentaba superar el escándalo de las torturas, condenando a un año de prisión y dando de baja a un soldado implicado, un ataque aéreo en un pueblo próximo a la frontera con Siria dejó ayer 45 muertos. El problemas es que, según testigos, el blanco fue una boda, cuyos invitados hacían disparos al aire en señal de festejo. Una increíble -y trágica- suma de desaciertos.
La región de Al Qaem fue escenario de enfrentamientos, a veces sangrientos, entre marines y combatientes extranjeros infiltrados desde Siria, según el ejército norteamericano.
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