Policías custodian los alrededores de la penitenciaria luego de la toma protagonizada por miembros de Al Qaeda.
Diez miembros de Al Qaeda y ocho policías murieron en la noche de ayer en Bagdad en un motín en una prisión organizado por un hombre acusado de haber preparado la matanza en una catedral católica de la capital, informaron las autoridades.
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El motín se produjo en un momento en que las fuerzas de seguridad temen un aumento de la actividad de la rama iraquí de la nebulosa islamista que podría tratar de vengar al jefe de la organización, Osama Bin Laden.
El motín, que duró varias horas en un centro de detención de la unidad de lucha antiterrorista del ministerio del Interior, costó la vida a cuatro oficiales. Entre los muertos figura el general Moayed Al Sayed, jefe de esta unidad para el sector de Karrada, y otros cuatro agentes, indicó un alto responsable iraquí del contraterrorismo que pidió mantener el anonimato.
El motín comenzó cuando los policías interrogaban a un presunto responsable de Al Qaeda, Huthaifa al Bataui, para tratar de obtener informaciones sobre posibles proyectos de represalia de la organización.
Durante su interrogatorio, poco después de medianoche, Bataui consiguió apoderarse del arma de un teniente al que mató antes de tomar rehenes y liberar a nueve presos, todos miembros de la célula desmantelada en noviembre, indicó el responsable del contraterrorismo.
El grupo se dirigió luego hacia la oficina del general Saleh, al que mataron de un balazo en la cabeza. Luego los amotinados se apoderaron de otras armas y de granadas. Cinco de los detenidos trataron de huir luego en un automóvil policial, pero miembros de las fuerzas especiales que llegaron como refuerzo los mataron.
"La célula desmantelada en noviembre estaba acusada de numerosas operaciones terroristas, no sólo de aquella contra la catedral", dijo el responsable. "Muchas investigaciones al respecto estaban en curso y por eso estaban detenidos en la unidad antiterrorista". En el centro de detención había 220 prisioneros, entre los cuales 38 presuntos miembros de Al Qaeda.
Después de la muerte de Osama bin Laden, las medidas de seguridad fueron reforzadas en Irak, donde Al Qaeda sigue teniendo la capacidad de efectuar operaciones sangrientas.
Las diversas organizaciones islamistas también son sospechosas del atentado suicida con coche bomba del jueves contra un puesto policial en Hilla, en el que murieron 24 policías. Este motín podría hacer resurgir, una vez más, el interrogante sobre la capacidad de las fuerzas iraquíes para asumir la seguridad, cuando faltan menos de ocho meses para que se vayan los 45.000 soldados estadounidenses aún presentes en Irak.
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