Un empresario estadounidense y testigo clave en la última investigación por corrupción contra el primer ministro israelí, Ehud Olmert, admitió hoy ante un juez bajo juramento que dio grandes sumas de dinero al premier.
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El testimonio de Morris Talansky para determinar la veracidad de las sospechas de que Olmert recibió fondos ilegales cuando ocupaba otros cargos antes de ser premier, podría llevar al procesamiento del jefe de gobierno y forzar su renuncia.
"Le di algo de dinero a Olmert para sus campañas electorales en 1991 y 1992. Me dijo que prefería efectivo, y le di primero dinero de mis fondos privados y después dinero recolectado en Estados Unidos para él", dijo Talansky ante un juez.
"También en 1998, le di algo de dinero -generalmente unos 3.000 a 8.000 dólares por vez- porque Olmert no quería cheques", agregó el millonario judío-estadounidense, citado por la edición digital del diario israelí Haaretz.
Talansky, de 75 años, aseguró que no pidió "nada a cambio".
El testigo dijo que conoció a Olmert, de 62 años, en 1991, para la época de la Guerra del Golfo.
Los fiscales del caso buscan establecer si Olmert pagó con favores el dinero que recibió de manera presuntamente ilegal de parte de Talansky.
El fiscal general del Estado, Moshe Lador, dijo a periodistas que el premier es por ahora sospechoso de "fraude", "abuso de confianza" y violación de las leyes de financiamiento de las campañas electorales.
Lador agregó que el testimonio de Talansky podría aportar evidencia adicional que conduzca a una acusación formal contra Olmert, algo que obligará al premier a renunciar.
Olmert, que fue alcalde de Jerusalén y ministro de Comercio antes de convertirse en premier, en 2006, ya fue interrogado dos veces en relación con este caso, y prometió dimitir si se presentan cargos formales en su contra.
El jefe de gobierno tiene abiertas otras tres causas de corrupción por presuntos conflicto de intereses, transacciones inmobiliarias fraudulentas y abuso de poder en relación con nombramientos de funcionarios.
Las investigaciones potenciaron aún más la impopularidad que afectaba al premier desde hace un año y medio y, además de su cargo, ponen en riesgo el futuro de las negociaciones de paz que lleva adelante con los palestinos y con Siria.
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