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Como respuesta a este ataque, el primero de este tipo que los palestinos logran llevar a cabo desde el inicio de la Intifada, en setiembre del 2000, una unidad del ejército israelí realizó una incursión en la noche del miércoles en territorio autónomo palestino y destruyó un puesto de un servicio de seguridad en el sur de la franja de Gaza, según una fuente de la seguridad palestina.
Tres tanques y un bulldózer avanzaron unos 500 metros hasta el puesto previamente abandonado por los agentes del servicio de la seguridad nacional, cerca de la ciudad de Rafá. No se produjo ningún disparo.
El gabinete israelí reunido el miércoles pasó revista a la situación tras el atentado. Pero no se difundió ningún comunicado después de la reunión.
La dirección palestina denunció el ataque del Hamas, opinando que iba a facilitar al primer ministro israelí Ariel Sharon "un pretexto para continuar sus agresiones y su política de acordonamiento" de los territorios palestinos.
"No aceptaremos bajo ningún pretexto esta violación de nuestra decisión nacional de decretar el alto el fuego y vamos a actuar contra cualquier ataque a nuestra seguridad", indicó.
El presidente palestino Yasser Arafat llamó solemnemente el 16 de diciembre al paro de todas las operaciones armadas contra Israel y tomó medidas contra las organizaciones radicales islamistas que reivindicaron los atentados mortíferos desde principios de diciembre en Israel.
El 21 de diciembre, Hamas se unió a este llamado decretando una tregua.
El atentado se produjo antes del alba contra una posición militar israelí próxima al kibbutz de Kerem Shalom, en el sur de Israel, no lejos de la ciudad de Rafá, cerca de la frontera israelo-egipcia, en el extremo sur de la franja de Gaza.
Los dos hombres del comando, que vestían uniformes de la policía palestina, franquearon el cierre fronterizo y atacaron con granadas y armas automáticas una posición mantenida por una unidad compuesta esencialmente de beduínos. Cuatro militares, entre ellos un oficial, murieron.
Según el comandante de la región militar sur de Israel, que incluye la franja de Gaza, el general Doron Almog, uno de los dos miembros del comando, que también falleció, pertenecía a la policía marítima palestina.
El general Almog afirmó que el ataque fue planificado por un allegado del jefe espiritual del Hamas, el jeque Ahmad Yassin, y exigió que la Autoridad palestina le arreste.
En Beirut, un dirigente del Hamas en exilio, Jaled Mechaal, indicó que el brazo armado del movimiento era responsable de la operación.
Como consecuencia del ataque, el ejército israelí tomó el control de tres puestos de la policía marítima palestina en Mawassi, en un sector bajo control de seguridad israelí, en el sur de la franja de Gaza.
"Los que pensaban que atravesábamos un momento de tranquilidad entienden que las acciones de la Autoridad palestina sólo estaban destinadas a causar una buena impresión y no tenían intenciones reales", declaró el jefe del Estado Mayor israelí, el general Shaul Mofaz.
El ministro israelí de Defensa Binyamin ben Eliezer opinó el martes por la noche que "la semana pasada había sido la más tranquila desde el inicio de la Intifada", el 28 de setiembre de 2000.
El alto representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea (UE), Javier Solana, condenó el miércoles el atentado que se produjo "cuando todos habíamos observado una disminución significativa de la violencia y un serio esfuerzo en la lucha contra el terror".
Israel acentuó además su campaña para convencer a Estados Unidos, su principal aliado, de que las armas incautadas a bordo de un barco de carga interceptado el 3 de enero en aguas internacionales del Mar Rojo estaba destinado a la Autoridad palestina, que lo desmintió.
"Si hubiéramos querido adquirir armamento, lo habríamos podido obtener en Israel, es más fácil y menos caro", lanzó Arafat.
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