Japón aumenta alerta nuclear y sigue luchando para evitar desastre
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Una imágen del edificio que alberga el reactor 4 de la central de Fukushima.
Los "Fukushima 50", tal y como se conoce a los 50 operarios de la planta nuclear que luchan a contrarreloj por evitar un desastre nuclear, recibieron entre tanto refuerzos.
A pesar de estos avances, las autoridades japonesas elevaron de 4 a 5 el nivel de alarma nuclear de los reactores 1, 2 y 3 de Fukushima 1. La escala INES (del 0 al 7) define el nivel 4 como un "accidente de consecuencias locales", y el 5 como "accidente de consecuencias amplias".
En el mensaje enviado al Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Tokio apuntó que se liberó material radiactivo "por encima de los límites autorizados" en los reactores 1, 2 y 3. Las autoridades elevaron además hasta el nivel 3 (incidente serio) la alarma respecto a tres reactores de Fukushima 2.
El primer ministro Kan admitió que la situación en la central de Fukushima sigue siendo grave, aunque aseguró que estará bajo control "en no mucho tiempo". Kan rechazó que su gobierno ocultara información sobre la situación en la central y ante el secretario general de la OIEA, Yukiya Amano, prometió poner a disposición del organismo y de todo el mundo "tanta información como sea posible".
"La comunidad internacional quiere información más rápida y exacta", dijo por su parte Amano, que llegó a Japón acompañado de un equipo de expertos que en los próximos días se desplazará a la zona afectada y que participará en las tareas de supervisión de la central.
Por otro lado, algunas infraestructuras comenzaron a funcionar de nuevo a lo largo de todo el país. El aeropuerto de Sendai, inundado por el tsunami, ha sido abierto de nuevo para aviones de emergencia y helicópteros. Los puertos dañados también fueron abiertos de nuevo al tráfico marítimo, al igual que algunas carreteras. Y el tren bala de alta velocidad reanudó su recorrido entre Morioka, capital de la prefectura de Iwate, y Akita, capital de la prefectura homónima.
Sin embargo, la escasez de carburantes continúa obstaculizando la llegada de ayuda humanitaria a las zonas afectadas por el sismo.
En la prefectura de Miyagi incluso se autorizaron realizar entierros sin previa incineración ante la falta de combustible. El gobernador de esta prefectura, Yoshihiro Murai, llamó a los supervivientes a trasladarse a otras prefecturas ya que aún pasará algún tiempo antes de que puedan ser reubicados en sus ciudades de origen.
Mientras tanto, las temperaturas en las zonas más asoladas continuaban siendo bajas, lo que empeoraba la situación generada por la falta de combustible y electricidad. Unas 380.000 continúan alojadas en unas 2.200 tiendas de campaña después de perder sus hogares en la catástrofe natural.




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