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18 de agosto 2005 - 00:00

Jerusalén, la verdadera batalla

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Un niño agita una bandera palestina mientras corre en torno a la colonia de Morag. La población árabe de Gaza siente la retirada israelí como un enorme triunfo de su causa nacional.

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Yusef
Hace siete años, cuando Yusef llevaba tirabuzones en las patillas, ni en sus más negros sueños imaginaba negociar con los palestinos la ciudad que encierra el monte Moriah, el lugar donde Dios creó el universo y Adán surgió del polvo. Por algo -creía él-mil años antes de que Cristo naciera, David, el rey de los judíos, proclamó a Jerusalén capital de su reino. Y aunque Nabucodonosor destruyó el Templo que Salomón construyó en el monte Moriah, Herodes lo reconstruyó. Y aunque Tito lo volvió a destruir para siempre --seguía creyendo Yusef cuando llevaba tirabuzones-nunca los judíos habían dejado de llorar sobre el único pedazo que queda en pie de sus ruinas, el muro occidental, esa pared que los cruzados medievales bautizaron despectivamente como el Muro de los Lamentos. Y aunque durante los siglos Jerusalén fue invadida por asirios, babilonios, egipcios, griegos, romanos, bizantinos, cruzados, árabes, turcos y británicos, ninguno de estos pueblos la hicieron su capital y mucho menos fue nunca capital de los palestinos. Sólo los judíos -creía Yusef antes de cortarse los tirabuzones-la habían tenido como capital y así debía seguir siendo.

Siete años después, con la cabeza rapada y la barba islamista, Yusef piensa -con la misma convicción que antes pensaba lo contrario-que Jerusalén ha sido desde hace siglos el centro y la principal ciudad del pueblo palestino, y que algún día volverá a serlo. Ya no piensa en el Templo; sólo piensa en que el profeta Mahoma se encontraba una noche durmiendo en la Kaaba cuando el arcángel Gabriel lo despertó, lo montó en un caballo alado y lo llevó volando a Jerusalén.
Quizá porque Yusef ha cambiado, Jerusalén sigue siendo la misma. La voz del muecín rebota en el Muro de los Lamentos. Las levitas judías de la Rusia zarista se cruzan con elegantes chadores comprados por Internet. El turismo agoniza. Los barrios palestinos, cada vez más sucios, los barrios judíos, cada vez menos limpios, y los barrios cristianos, cada vez más olvidados.

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