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17 de julio 2008 - 00:00

La fe explica un canje tan desigual

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Jerusalén - Los canjes de presos entre Israel y Hizbollah, aparentemente desfavorables al Estado judío, no se explican sin la importancia que la ley mosaica da a los restos de sus caídos, hábilmente empleados como pieza de negociación por el mundo árabe.

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Un breve repaso a anteriores intercambios de prisioneros entre la milicia chiita libanesa e Israel, que datan de 1983, sirve para comprobar el afán israelí en recuperar a toda costa a sus camaradas vivos o muertos, aunque con ello haya que excarcelar a millares de palestinos, libaneses o árabes.

El canje de ayer de dos soldados israelíes muertos, Ehud Goldwasser y Eldad Regev, a cambio de cinco prisioneros con vida, entre ellos Samir Kuntar -quien cumplía condena en Israel por cuatro delitos de asesinato, secuestro e intento de homicidio- y los restos de 199 milicianos es un nuevo eslabón de la larga cadena de intercambios adversos a Israel.

Un dirigente de Hizbollah declaró ayer a los medios que hasta el último momento la milicia chiita rehusó dar a conocer cualquier información sobre la situación de los soldados con la esperanza de que Israel accediera a pagar un precio incluso más alto por su regreso suponiendo que estaban con vida.

  • Rescate

  • El rabino Daniel Lendes, del Instituto Pardes de Jerusalén para Estudios Religiosos, explica que en la historia judía los secuestros siempre han sido una cuestión muy sensible «porque cuando la comunidad judía resultaba atacada y había un secuestro, siempre se enviaba a alguien para rescatar a la víctima».

    «Maimónides, filósofo, jurista y médico judeo-español de la Edad Media, decía que el mandato más importante es el regreso de los cautivos, lo que generalmente ha sido interpretado como vivos», abunda. Pero, tras el Holocausto, el pueblo judío se encontró con «una herida abierta», por la incapacidad de identificar o encontrar los cuerpos de millones de judíos que quedaron sin enterrar ni recibir la oración fúnebre, quizá la más importante del judaísmo, el «Kadish».

    La organización integrista libanesa, conocedora de que cualquier resto de israelí también es una jugosa moneda de cambio, no dudó en revelar en enero que poseía partes de cuerpos de militares hebreos recogidos en el Líbano durante la contienda del verano (boreal) de 2006.

    «Sionistas, su Ejército les está mintiendo. Ha dejado partes de cuerpos de sus soldados en nuestras aldeas y campos», afirmaba su líder, Hassan Nasrallah, apelando a la fibra más sensible de la sociedad israelí. Y es que la recuperación de cadáveres o cualquier parte del cuerpo es clave para el judaísmo, pues no existe maldición mayor que no ser enterrado de forma íntegra, con todos los miembros, es decir, preparado adecuadamente para la llegada del Mesías y la posterior resurrección «al final de los tiempos».

    Por esta razón la organización de judíos ortodoxos Zaka se dedica a la recogida del más mínimo resto humano cuando, por ejemplo, los palestinos perpetran un atentado en tierra israelí.

    Pese a que buena parte de la población israelí se declara laica, el peso de la tradición y la ortodoxia judías son de suma importancia en la sociedad.

    El profesor Ely Karmon, del Centro Interdisciplinario de Herzliya y experto en terrorismo, Hizbollah y lucha guerrillera, deja a un lado el aspecto netamente religioso para incidir en una máxima que impera en el Ejército israelí desde su misma creación en 1948: nunca se dejan heridos abandonados sobre el campo de batalla.

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