"La intimidad de lo que pasó en 8 años me pertenece a mí"
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Natascha Kampusch
La vida diaria: estaba regulada. La mayoría de las veces había un desayuno conjunto -ya que él casi nunca trabajaba-, yo hacía las labores del hogar, lectura, televisión, hablábamos, cocinaba.
Así fue durante años, todo con el temor a quedarme sola.
Sobre la relación: no era mi amo y señor.
Yo era igual de fuerte. Me mimaba y al mismo tiempo me pisoteaba.
Pero no podía conmigo y eso él lo sabía.
El secuestro lo organizó él solo, todo estaba preparado ya. Después acomodamos juntos el recinto que medía más de un metro sesenta de alto.
Por cierto, que después de huir no he llorado.
No había motivo de sentirme infeliz.
A mi modo de ver, su muerte no era necesaria.
No se habría hundido el mundo si le hubiesen castigado.
Era parte de mi vida. Por eso, en cierto modo estoy afligida por su muerte.
Naturalmente, es cierto que mi juventud ha sido diferente de la de muchos otros, pero en principio no tengo la sensación de que me haya faltado nada.
Me he ahorrado un montón de cosas, por ejemplo, no he empezado a fumar ni a beber y no he tenido amigos malos.
Mensaje a los medios: lo único que quiero de la prensa es que me deje en paz de las eternas calumnias, las interpretaciones equivocadas, los sabelotodos y la falta de respeto hacia mi persona.
Actualmente me siento bien donde estoy, quizás un poco bajo tutela.
Pero yo he decidido contactar con mi familia sólo por teléfono.
Yo decidiré por cuenta propia cuándo contactaré a los periodistas.
Sobre mi fuga: cuando tenía que limpiar y pasar la aspiradora al automóvil, él se alejó mientras la aspiradora hacía ruido.
Esa fue mi oportunidad: dejé simplemente en marcha la aspiradora.
Por cierto, nunca lo llamé «amo y señor», aunque él así lo quería.
Si bien creo que él lo quería -que lo llamara así- pero no lo pretendía realmente en serio.
Les envío mis cariñosos saludos, aunque fueron un poco curiosos, pero esa es su profesión.
Cuestiones íntimas: todos quieren siempre hacer preguntas íntimas, que no incumben a nadie.
Quizás alguna vez lo cuente a una terapeuta o a otra persona, si tengo necesidad de hacerlo, pero quizás no la sienta nunca.
La intimidad me pertenece sólo a mí.
Dadme tiempo hasta que yo misma pueda contarlo.
Natascha Kampusch.»




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