Tel Aviv - Con la tasa de desempleo más baja de la región del Mediterráneo, Israel puede dar la sensación de haber logrado “un milagro económico”. Pero en algunas ciudades y barrios de Tel Aviv la pobreza causa estragos.
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Son las 10.30 en el centro Lasova (“saciado” en hebreo) de Tel Aviv. Llegan jubilados, sacan el equivalente a un euro de sus bolsillos y se sientan a la mesa. El menú: pasta, sopa, ensalada, pan, un poco de pollo y un vaso de refresco.
Unos ventiladores refrescan esta antigua sinagoga. Entra Mazal, una pelirroja con gafas con montura de plástico y anillos en las manos. Habla de su vida: la pobreza y un novio en Londres que le escribe mensajes en inglés y ella traduce al hebreo con la ayuda del traductor de Google.
Cada mes, Mazal cobra una jubilación de 2.600 shekels (740 dólares). También hace horas de limpieza que le aportan 2.200 shekels (620 dólares) más. “¡Pero no alcanza! Hay que pagar el departamento, la electricidad, el teléfono y todo lo demás”, se lamenta. Alquilar un ambiente en Tel Aviv cuesta al menos 4.000 shekels (1.100 dólares).
Mazal tiene 66 años y está divorciada. Es madre de dos hijas y abuela. Hace unos meses se quedó sin hogar. Las autoridades le proporcionaron una vivienda social, pero varias veces al mes acude a Lasova para escapar de la soledad y comer algo.
“Tengo que ayudar a mi hermano, enfermo de cáncer y a mis hijas. No es posible vivir así. Me gustaría comprarme ropa, salir”, afirma.
Como cada día, en Lasova se sirven centenares de platos de comida, sobre todo a jubilados, inmigrantes africanos, desempleados, trabajadores con sueldos bajos y personas sin domicilio fijo.
“Aquí usted se encuentra a los invisibles de Israel”, afirma la gerente del centro, Ravit Reichman.
A dos pasos del centro hay dos edificios altos y a lo lejos, a orillas del mar, se ven rascacielos.
La innovación industrial ha impulsado la economía israelí desde hace 15 años en términos de crecimiento y empleo. En julio la tasa de desempleo volvió a bajar hasta situarse en 3,7% y el salario medio progresó hasta 11.175 shekels por mes (3.100 dólares).
Según la Agencia Nacional de Seguridad Social, de los 9 millones de habitantes del país, casi 1,8 millones viven bajo el umbral de pobreza. La OCDE da la voz de alarma sobre la desigualdad social en este país de empresas emergentes.
“Es paradójico porque estamos viviendo los quince años de la edad de oro económica de Israel, el ingreso por habitante casi se duplicó y superó al de algunos países europeos”, explica Gilles Darmon, director de la oenegé Latet que recoge víveres para asociaciones como Lasova.
La pobreza afecta sobre todo a los árabes y a los judíos ultraortodoxos, dos colectivos con un crecimiento demográfico alto, aunque no es el único factor.
En el primer grupo social, muchas mujeres ejercen de amas de casa para criar a los hijos. Y en el segundo, los hombres trabajan poco, para dedicarse al estudio del Talmud, afirma John Gal, coautor de un informe sobre la pobreza en Israel para el centro de investigación Taub.
“A partir del momento en que tienes dos o tres hijos, la situación se vuelve problemática. Aunque la sanidad, la educación y el transporte son menos caros que en otras economías desarrolladas, el costo de la vida es muy alto”, explica.
En 2011, decenas de miles de israelíes se lanzaron a las calles para denunciar la condición de la vivienda.
A pesar de ello, este tema brilla por su ausencia en los mítines de campaña para las elecciones del 17 de septiembre, en los que se habla más de la seguridad, de la relación entre el Estado y la religión y de la popularidad de los líderes políticos.
El número de “trabajadores pobres” en el país aumenta, advierte la OCDE.
Después de comer en Lasova, Alexander, un trabajador temporal de 45 años, vuelve a la calle, con el estómago lleno y un séquel menos. “Me quedan cuatro séqueles. Es muy duro”, afirma el hombre.
“Una vez pagado el alquiler ya no me queda nada. Y lo mismo les pasa a mis amigos que ganan 4.000 o 5.000 séqueles al mes”. ¿Y las elecciones? “Es una pelea entre tipos para ver quién es el más fuerte”.
Agencia AFP




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