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"No hay una política en materia de indultos", dijo el mandatario, quien otorgó este mes un perdón de ese tipo al suboficial retirado Manuel Contreras Donaire, uno de los asesinos del sindicalista Tucapel Jiménez en 1982.
El indulto a Contreras Donaire "no es un globo sonda ni nada que se le parezca. Había tenido una cantidad de indultos respecto de los que habían cometido actos de violencia y me pareció que tenía que haber una cierta ecuanimidad", aseguró Lagos.
El presidente explicó además que el suboficial ya había estado en prisión más de la mitad de la condena establecida. Lagos aclaró que tuvo en su escritorio "otras posibilidades de (indultos) a personas de mayor graduación", pero le pareció que "los que obedecieron órdenes estaban en una categoría distinta de los que dieron las órdenes".
El indulto a Contreras Donaire provocó el rechazo de los organismos de derechos humanos y, entre otros, de la candidata presidencial por la gobernante Concertación, Michelle Bachelet, clara favorita para las elecciones de diciembre próximo. Lagos indicó el lunes último dar marcha atrás a un proyecto de ley que promovía el indulto para quienes violaron los derechos humanos, luego de que la socialista Bachelet expresara en varias oposrtunidades su rechazo a ese perdón presidencial.
El proyecto había sido presentado en el Parlamento la semana pasada por los senadores Hernán Larraín y Jorge Arancibia (ambos de la Unión Demócrata Independiente) y Baldo Prokurica (Renovación Nacional), de la oposición de derecha.
También se sumaron dos senadores oficialistas, Enrique Silva Cimma (Partido Radical Social Demócrata) y Edgardo Boeninger (Democarcia Cristiana).
En el mismo sentido se pronunció el ex presidente democristiano Patricio Aylwin (1990-94), quien consideró "razonable que se piense también en una política de clemencia dentro de marcos de justicia frente a los autores de delitos cometidos por el lado de la dictadura".
Lagos afirmó ayer que "las heridas no se cierran por leyes, por decretos, por indultos. Las heridas las llevamos todos en el alma, son individuales", al evocar a sus amigos Enrique París y Arsenio Poupin, asesores del presidente Salvador Allende.
París y Poupin, como otros colaboradores de Allende, murieron durante el bombardeo y asalto al palacio gubernamental de La Moneda cuando el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 con que comenzó la dictadura de Augusto Pinochet.
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