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13 de noviembre 2008 - 00:00

Lagos, un bombero para la Concertación

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El ex mandatario socialista Ricardo Lagos se anotó ayer, inesperadamente, en la competencia presidencial en Chile. Lo hizo a su modo, con un lenguaje sigiloso, mientras la gobernante Concertación combina signos de agobio y hasta desesperación de cara a los empinados comicios de diciembre de 2009, los más dificultosos para el oficialismo chileno desde 1990.

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A través de una carta pública, Lagos afirmó: «No busco ni he buscado ser candidato para un segundo mandato presidencial. Es por ello que he declarado reiteradamente que mi nombre no está compitiendo en el proceso de designación del candidato de la Concertación. Lo anterior no significa restarme a los desafíos del futuro. Ustedes saben bien que jamás he eludido un desafío de condición política cuando he tenido el convencimiento ético y político de que es mi deber hacerlo».

Hace meses que el Partido por la Democracia (fundado por Lagos en 1988, tercera formación de la Concertación detrás del Partido Socialista y la Democracia Cristiana) y otros laguistas batían el parche con la candidatura del carismático ex presidente, quien hasta ayer había negado hasta el hartazgo esa hipótesis. Con Michelle Bachelet impedida por la Constitución de repetir mandato y sin que otros precandidatos muevan el amperímetro del centroizquierda, el tiempista Lagos supo aprovechar el operativo clamor.

  • Fin de ciclo

  • Son varios los signos que apuntan a un fin de ciclo que dé paso al liberal Sebastián Piñera, un empresario que ya compitió por el partido Renovación Nacional en 2005 y que representará a la coalición opositora el año próximo. Hace tres años, con un discurso moderado por el marketing electoral y liberado de la limitación que imponía el dogma oficial del pinochetismo (declaró que los peores gobiernos de la historia chilena habían sido los de Pinochet y Allende, por divisivos), Piñera pudo ponerle zozobra a la elección que consagró a la médica socialista Bachelet, a la que llevó a segunda vuelta. Ya en enero de 2000, el propio Lagos debió llegar al ballottage para vencer al conservador populista Joaquín Lavín. Seis años más tarde, el socialista dejaba el cargo con una popularidad arrasadora.

    La Concertación, originada en el antipinochetismo que congrega a centristas, liberales y socialdemócratas, acumula el desgaste lógico tras casi 19 años en el poder. Esta complicación se suma a la crisis global que afecta a Chile en sus exportaciones y en el valor de su producto estrella, el cobre, además de la dificultad de hallar un candidato popular. No es menor el detalle de que la del año próximo será la primera elección que la coalición oficialista afrontará con un Pinochet fallecido. Cuando ya no une la aversión, resplandecen las tiranteces enterradas,no sólo dentro de la coalición, sino dentro de cada partido. Socialdemócratas de la Tercera Vía contra sus pares más ideologizados, centristas liberales versus nacionalistas, y todo ello untado por la desconfianza interpartidaria. De estas rencillas surgió una escisión, que ya le costó cara a la Concertación en las municipales del 26 de octubre.

    La (todavía eventual) candidatura de Lagos aportaría a este entramado un vital liderazgo, aunque no exento de polémica, como dejaron ver las reacciones de ayer. En liza se anotan, entre otros, el actual secretario de la OEA y socialista de viejo cuño, José Miguel Insulza, y el ex mandatario democristiano liberal Eduardo Frei. Hace días se bajó (una vez más) su colega de partido Soledad Alvear.

    Lagos pone una condición casi monárquica. Sólo será candidato si lo es por consenso, sin primarias. Con una coalición comunistahumanista mordiendo por izquierda, y con Piñera socavando el centro, probablemente no alcance ni con el rey.

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