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19 de julio 2007 - 00:00

Lamentos tardíos por un desastre anunciado

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Río de Janeiro - Cuando se estrella un avión de pasajeros en el mundo, el sentido común atribuye la tragedia a la fatalidad, pero en Brasil hay fuertes indicios de que la indolencia es la sospechosa habitual de un drama que cubre de luto a decenas de hogares.

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El martes un avión de TAM, la aerolínea más grande del país, intentó aterrizar en el aeropuerto de Congonhas, en San Pablo, pero derrapó en la maniobra y, tras salirse de la pista mojada, fue a estrellarse contra un almacén de carga adyacente, en el peor accidente de la historia de la aviación civil brasileña.

Hasta ahora la tesis que cobra más fuerza es la imperfección de la pista de Congonhas, que provocó que el avión patinara en medio de una fuerte lluvia.

Justamente esa peligrosa pista estuvo cerrada durante 45 días hasta el mes pasado por «mejoras» y según denuncias de sindicatos, pilotos y especialistas en aeronáutica el trabajo fue entregado sin terminar.

Un día antes de la tragedia otro avión, mucho más pequeño y con sólo 21 pasajeros, tuvo mejor suerte al derrapar en la misma pista tras aterrizar.

Congonhas, el aeropuerto de Brasil más congestionado con unos 630 despegues y aterrizajes por día, resume los males de una crisis crónica en la aviación civil brasileña que se arrastra desde hace años, amenazando la seguridad de miles de pasajeros nacionales y extranjeros.

  • Argumentos

    La tragedia ha dado nuevos argumentos a la oposición para criticar la supuesta incapacidaddel gobierno para resolverel problema crónico de aeropuertos y sistemas de control.

    El jefe de la bancada parlamentaria del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Arthur Virgilio Lima, afirmó que desde hace meses «viene denunciando los problemas bien conocidos que afectan el tráfico aéreo y los principales aeropuertos del país».

  • Inusitado

    Hasta ahora la peor tragedia nacional había sido la de un avión de Gol, la segunda aerolínea del país, que se estrelló en la selva amazónica el 29 de setiembre pasado.

    En esa ocasión, el Boeing se precipitó después de hacer contacto a 37.000 pies de altura con el ala de un pequeño avión que volaba en sentido contrario por el ancho cielo de la selva amazónica.

    Lo inusitado de un accidenteque desafió todas las leyes de las probabilidades abrió las costuras de un sistema de control aéreo calificado como «ineficiente y obsoleto» por los sindicatos de controladores, políticos de oposición y especialistas en aviación.

    Tras ese episodio los controladores de vuelo comenzaron una serie de protestas veladas que consisten en aplicar «rígidas» normas para espaciar el tiempo entre los movimientos de los aviones y reducir el número de naves controladas por cada operador. Varias fallas en los sistemas de radio y radares de los centros de control de tráfico aéreo de Brasilia y Congonhas han sido comunes en los últimos meses y se han reflejado en un efecto cascada en todo el país, de modo que en las terminales brasileñas son recurrentes las largas horas de espera de pasajeros irritados y con miedo a volar.

    La prensa brasileña recreó ayer todas las anécdotas de los últimos meses para usar una manida frase y advertir que la del martes fue «una tragedia anunciada».

    Entre los principales protagonistas de esa crisis está el

    Lamentos tardíos propio presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien desde hace diez meses ha dado nada menos que ocho ultimátum a sus subalternos para que resuelvan este problema crónico que le ha restado popularidad a su gobierno.

    Lula ha pedido «fecha, día y hora» para anunciar el final de la crisis aérea y resolver la situación de los aeropuertos. Pero mientras este drama ha dejado ya decenas de víctimas hasta ahora no hay ningún responsable.

    La Fuerza Aérea (de la cual depende la aviación civil) ha intentado crear corredores de tráfico aéreo, ha despedido a controladores y prometido emplear decenas de nuevos profesionales.

    Infraero, la empresa estatal que administra los aeropuertos del país, anuncia grandes inversiones para dotar las terminales con equipos nuevos y mejorar las pistas y la infraestructura. Y la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) promete estrechar sus labores de fiscalización.
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