28 de julio 2003 - 00:00

Las brutalidades de Uday Hussein

El jefe de los ejecutores de uno de los hijos de Saddam reveló cómo ayudó a arrastrar a dos víctimas al interior de una jaula para que fueran devoradas por los leones. El ejecutor dijo que se le ordenó capturar a dos estudiantes de 19 años y trasladarlos a una granja de Uday Hussein, el hijo mayor de Saddam, al que mataron las tropas estadounidenses la semana pasada. Tan pronto como llegaron, los estudiantes fueron arrastrados a una jaula donde estaban los leones. Una de las víctimas se desmayó de terror, pero ambos fueron arrojados adentro por la fuerza. «Vi la cabeza del primer estudiante literalmente cómo se desprendía del cuerpo con el primer mordisco», aseguró.

El, entonces, tuvo que permanecer de pie y observar a los animales devorar a los dos jóvenes: «Cuando terminaron no había más que huesos y pequeños trozos de carne desechada». Más tarde le contaron que los dos jóvenes «habían competido con Uday en algo relacionado con algunas chicas jóvenes».

El ejecutor, de 36 años, que utiliza el seudónimo de Abu Ahmad, también tomó parte en decapitaciones masivas a las órdenes del sádico Uday. En una sola tarde supervisó la ejecución por este método de 36 personas, incluida una mujer embarazada.

Estaba tan desazonado por participar en el asesinato de un niño aún sin nacer que «deseé que Alá hiciera que se abriera la Tierra y tragara a todos los presentes, yo incluido». Pero temía que, si desobedecía las órdenes, él también sería ejecutado.

También estuvo involucrado en bárbaras ejecuciones piramidales, en las cuales las víctimas eran partidas por la mitad. Usando un torno especial para sujetar la cabeza, un hombre con una espada partía a las víctimas en el momento en que se arrodillaban; luego, otro ejecutor trinchaba el cuerpo hasta separarlo en dos, como un matarife en el matadero.


•Decapitación

Ahmad fue reclutado hace seis años, procedente del Ejército iraquí, por los Fedayines de Saddam, parte de las fuerzas de seguridad bajo el mando de Uday. Más tarde fue promocionado a teniente coronel y puesto al cargo de la Unidad 18, que ejecutaba misiones personales para Uday.

Descubrió la brutal envergadura del trabajo de la Unidad 18 en 1999, cuando fue convocado a la residencia de Uday en uno de los palacios presidenciales de Bagdad. A su llegada, le ordenaron que decapitara a un prisionero. Fue su primera vez. «El prisionero no pronunció ni una palabra. Pienso que para entonces se había resignado a su destino. No supe nada de ese hombre», recordó.

Uday no observaba las ejecuciones, pero enviaba a un camarógrafo para que las filmara. Bajo sus órdenes, los restos de las víctimas eran devueltos a sus familias con la cabeza y el cuerpo en bolsas separadas.

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