Milton Friedman, emblema del liberalismo económico más ortodoxo, aborrecía la intervención del Estado al punto de postular que éste no debía ni siquiera otorgar los títulos a los médicos. Confiaba en que la propia sociedad podría regular dicha actividad, aunque, claro, cabe sospechar que hasta que eso ocurriera mucha gente podría morir en vano.
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El gobierno de Estados Unidos acaba de incurrir en una exageración de similar calibre en Irak al «privatizar» parte de su fuerza militar (un rol tradicionalmente monopolizado por el Estado) y permitir que los efectivos contratados por dos empresas (CACI International yTitan Corporation) participen en el control y en el interrogatorio de prisioneros. Lo que no se calculó es que ese personal terminaría involucrado en el escándalo de torturas que sacude actualmente a la Casa Blanca. CACI lamentó ayer lo ocurrido y prometió investigar. ¿Pero quién salva ahora a George W. Bush de los efectos del exceso de ideología aplicado en este tema? Informate más
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