Nueva York (ASN) - La orden de un juez de Florida de desconectar a Terri Shiavo -una mujer que permanece en estado vegetativo desde hace quince años-de las máquinas que la mantenían viva, desató un fuerte debate en la opinión pública estadounidense, tanto a favor como en contra de la eutanasia.
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Esta práctica es definida habitualmente como la «muerte intencional de una persona dependiente de ayuda, ya sea por acción u omisión, y por su supuesto beneficio». Se la llama « voluntaria» cuando es el propio paciente el que la solicita y «no voluntaria» si esa decisión es tomada por familiares o allegados en caso de inconciencia de la persona involucrada.
La práctica está emparentada con el «suicidio asistido», pero no es igual, ya que éste se define como «el auxilio -en forma de información, guía o medios-que alguien presta a un pacientepara que éste se provoque la muerte a sí mismo».
Según quienes se manifiestan a favor de la eutanasia, ésta se aplica a pacientes «terminalmente enfermos» y con nula expectativa de vida y de calidad de ésta. Así, reemplazan el término «pacientes terminales» por el de « enfermos sin esperanza» y «vida sin significado». Además, aunque son prácticas diferentes, suelen llamar «suicidio asistido» a la «eutanasia». La alegación más importante a favor de la eutanasia es que la persona padece un profundo e irreparable dolor, sin perspectivas de recuperación. El segundo factor es el «derecho» a elegir, que cuestiona si se puede forzar a un paciente a permanecer con vida.
Aluden así a la responsabilidad última del individuo sobre sí mismo -o de sus más íntimos allegados en caso de incapacidad de éste-para tomar la decisión de quitarse la vida.
Quienes se oponen indicanque es imposible conocer fehacientemente el tiempo de vida que le resta a un paciente ya que ha habido numerosos casos de personas con enfermedades letales que han sobrevivido por años, aun con diagnósticos que limitaban su vida a pocos meses. Según los críticos, una de las motivaciones más importantes -aunque muchas veces no explicitadas-por las que se favorece la eutanasia radica en el costo cada vez mayor de los tratamientos y en la idea de que es mejor destinar los fondos de los sistemas de salud a pacientes con perspectivas de recuperación.
Investigaciones han determinado que los esfuerzos por mantener a un paciente terminal con vida en los Estados Unidos llegan a costar 40.000 dólares, mientras la fórmula requerida para la eutanasia tiene un valor de 40. Más allá de todo esto, la argumentación más contundente -y divisiva- contra esa práctica suele estar dada por factores éticos o religiosos, que proclaman la santidad de la vida humana. Aunque la mayoría de las religiones se oponen a la eutanasia, la Iglesia Católica es la que ha sido más activa en oponérsele. Esta considera que la vida es un don de Dios y que los seres humanos fueron realizados a su imagen y semejanza. Es por eso que encuentra inaceptable la interferencia humana en el ciclo natural de la vida.
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