14 de abril 2005 - 00:00

Los electores hurgan en libros de los papables

Roma - Por la boca mueren los peces, pero pocas veces los cardenales. Después de haber hecho lo posible por controlar su nacimiento y desarrollo, la Iglesia católica se ha convertido en uno de los estamentos más devotos de la galaxia Gutenberg. Aun siendo maestra en el cultivo de las imágenes, como se ha podido comprobar estos últimos días en Roma, la Iglesia tiene desde hace siglos un alto concepto de la letra escrita: Verba volant, scripta manent («Las palabras vuelan, pero la escritura permanece»). Los libros ocupan un lugar muy importante en el sistema de referencias del imaginario católico. Algunos libros pueden ser importantes en la elección del Papa.

Hay mucho cruce de textos estos días en Roma. A los cardenales electores no les basta con saber que tal o cual cardenal goza de una buena imagen.

Se cuenta estos días que los partidarios del cardenal austríaco Christoph Schönborn, uno de los miembros más jóvenes del cónclave (60 años), han remitido toda su obra escrita a un nutrido grupo de electores.

Otros candidatos, sin embargo, no tienen necesidad de ello. Joseph Ratzinger, por ejemplo. Ratzinger ha sido el gran intelectual del pontificado de Juan Pablo II. La actual línea doctrinal de la Iglesia es en muy buena medida su línea.

En mayor o menor medida, todos los cardenales europeos con posibilidades de desempeñar un papel importante en el cónclave, bien como candidatos, bien como promotores de candidatos («king makers», al decir de los anglosajones) cuentan con una notable obra escrita. Ricardo María Martini, ex arzobispo de Milán, hoy jubilado, pero elector y gran exponente de la línea reformista, llegó a ser criticado desde la curia romana por su pasión por la escritura: el cardenal Martini publicaba un libro casi cada año; uno de ellos en colaboración con el intelectual laico (y residente en Milán) Umberto Eco.

• Punto de referencia

El actual arzobispo milanés Dionigi Tettamanzi también cuenta con obra escrita y algunas voces señalan que está siendo objeto de un riguroso escrutinio por parte de quienes lo ven «troppo a sinistra».

La obra de
Angelo Scola, patriarca de Venecia y punto de referencia del movimiento eclesial Comunión y Liberación, también estaría siendo objeto de un minucioso estudio. Y uno de los puntos débiles de los cardenales latinoamericanos puede ser precisamente éste. Más abocados a la acción, han escrito menos.

Pero no sólo cuentan los libros. En el cónclave de 1978, la candidatura del cardenal Siri, entonces arzobispo de Génova, se vio perjudicada por un suceso extraño: el primer día de cónclave todos los cardenales recibieron copia de una entrevista, todavía no publicada por la prensa, que acentuaba su perfil duro y conservador. Su contrincante, el progresista Benelli, ocupaba un lugar relevante en la curia. Salió elegido el polaco Karol Wojtyla.

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