Luego de un mes de guerra, miles de niños palestinos regresan a clases
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Las escuelas retomaron las clases tras un mes de ataques.
La casa de Amal Baker, de 17 años, está al lado del hospital de Shifa, el más importante de Gaza, y los sonidos de las ambulancias, las bombas y los aviones de guerra le han impedido dormir durante casi un mes.
"Estaba muerta de miedo, no sabía si mis amigos sobrevivirían", asegura.
Según el Ministerio de Educación en Gaza, controlado por Hamás, alrededor de 200.000 niños volvieron a las aulas, menos de una semana después del cese de las hostilidades, pero se han tenido que hacer malabarismos para lograr darles a todos un sitio donde sentarse.
De las cerca de cuatrocientas escuelas de Gaza unas 35 fueron destruidas por las bombas israelíes y otras tantas están aún siendo utilizadas como refugio por las más de 4.000 familias que han perdido sus casas.
Muchos alumnos han tenido que ser redistribuidos en otros centros, que se han visto obligados a abrir turnos de noche y a juntar dos o tres clases en una sola, llegando a tener hasta 120 alumnos por aula, para poder atender a todos.
Las autoridades educativas y de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos han pedido a los colegios que dediquen esta primera semana de clases a dar apoyo psicológico a los menores para ayudarles a recuperarse del trauma y los profesores han recibido instrucciones de animarles a hablar sobre lo que han vivido.
No será fácil para los pequeños olvidar los gritos, el olor a pólvora, el miedo que ha atenazado a sus familias y sus vecinos durante 22 días de ataques continuos.
Durante tres semanas, muchos estuvieron encerrados en sus casas, pendientes únicamente de la televisión, la radio, las llamadas telefónicas a los familiares, las caras de tristeza y terror de sus padres.
Algunos se vieron obligados a huir deprisa de sus hogares y ciudades para trasladarse a casas de conocidos en áreas más seguras o acabaron en los refugios de la ONU, y casi todos padecieron escasez de alimentos y cortes constantes de luz y agua corriente.
La mayoría están contentos de volver al colegio, de recuperar poco a poco sus vidas, pero llevan en sus ojos la pesadumbre de las malas noticias y el cansancio de semanas de horror.
La esperanza escasea en las palabras de Lara Abu Ramadan, una adolescente de 17 años del instituto Ahmed Shawqi, convencida de que: "Esto no ha sido el final. Israel sigue existiendo, Gaza sigue existiendo y el alto el fuego no va a acabar con el conflicto. Sólo terminará cuando haya un acuerdo de paz entre Israel y nosotros".




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