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El presidente de Rusia, Vladímir Putin, afirmó este jueves que está listo para intervenir en el conflicto en Bielorrusia mediante una fuerza policial especial, creada a pedido de Alexander Lukashenko, aunque instó a las partes a solucionar el problema para no llegar a ese punto.
Putin, que hasta ahora había moderado sus comentarios pese a tres semanas de históricas manifestaciones en Minsk contra Lukashenko, dijo que la intervención rusa se ampararía en el marco de acuerdos militares y de seguridad existentes con Bielorrusia.
"Alexander Lukashenko me solicitó que constituyera una reserva de agentes del orden y lo hice", señaló, agregando que esperaba no recurrir a ella.
"Convenimos que no la utilizaría hasta que la situación quedase fuera de control y elementos extremistas escondidos detrás de eslóganes político superen ciertos límites: incendiando autos, casas, bancos, o intenten apoderarse de edificios administrativos", detalló Putin, quien exhortó a "todos los participantes en este proceso" a "buscar una salida" a la crisis.
De acuerdo al mandatario ruso, "no se trata de lo que está ocurriendo en Bielorrusia, sino de que alguien quiere que ocurra otra cosa allí", en referencia a la petición de que se repitan las elecciones formulada tanto por la oposición como por la Unión Europea (UE), que denuncian como fraudulenta la victoria de Lukashenko con más del 80% de los votos.
Este jueves, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, pidió a Rusia que no se entrometa en la crisis política bielorrusa.
"Nadie, Rusia tampoco, debe entrometerse", advirtió en una entrevista concedida al diario alemán Bild. "Bielorrusia es un Estado soberano e independiente", insistió.
Desde que comenzaron las protestas antigubernamentales, Lukashenko aseguró en varias oportunidades que cualquier intento de hacer caer su régimen, en el poder desde 1994, conllevaría a una fuerte respuesta de Rusia, algo que Moscú hasta ahora no había confirmado.
Los líderes de la UE soperaron esa posibilidad y vienen haciendo equilibrio entre dar una dura respuesta a la represión ordenada por el gobierno bielorruso -se anunciaron sanciones aún no especificadas- y mantener a Putin lejos del conflicto ante el temor de revivir lo que ocurrió en Ucrania, que finalizó con una guerra civil y la anexión rusa de Crimea.
En la capital Minsk y en toda Bielorrusia, hay protestas diarias pese las declaraciones marciales de Lukashenko, acompañadas de represión. El 16 y 23 de agosto, unas 100.000 personas marcharon contra él y esperan repetirlo el domingo.
El presidente bielorruso amenazó este jueves a los estudiantes, que se sumaron como colectivo a las movilizaciones, con reclutarlos para el servicio militar y para "defender la patria" si no retoman las clases.
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