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20 de julio 2007 - 00:00

Lula llamó a la calma en cadena nacional luego de la tragedia aérea

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Lula, ayer, durante su discurso en cadena de tv.
El presidente Luiz Inacio Lula da Silva dijo la noche del viernes que volar en Brasil es seguro y anunció medidas para aliviar el caos del sector, en un intento de tranquilizar a la población tras el accidente que dejó un saldo de 200 muertos el martes en Sao Paulo.

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"El nivel de seguridad de nuestro sistema aéreo es compatible con el de todas las normas internacionales. No podemos perder eso de vista", alegó el presidente Lula en un mensaje radiotelevisado.

Las medidas, adoptadas por el Consejo Nacional de Aviación Civil (Conac), tienden a descongestionar los aeropuertos de Sao Paulo, en particular el de Congonhas, enclavado en plena zona urbana.

El gobierno brasileño considera además construir otro aeropuerto en Sao Paulo y admitir capital privado en la construcción y administración de terminales aéreas.

"Estamos tomando todas las medidas a nuestro alcance para disminuir los riesgos de nuevas tragedias", dijo Lula, quien también pidió "serenidad a todos los brasileños".

El presidente, según argumentó, quiere mantener la confianza en el sistema aéreo del país, golpeado por dos tragedias y un caos general en los últimos diez meses, y establecer una norma en la búsqueda de responsabilidades.

Por eso rechazó despedir a algunos de los responsables del sector aéreo, como el ministro de Defensa, Waldir Pires, o el jefe de Infraero, la administradora de aeropuertos, José Carlos Pereira.

La ministra jefe de gabinete, Dilma Roussef, negó que las medidas se hayan acelerado por el accidente o que signifiquen un reconocimiento de que las condiciones existentes en Congonhas originaron la tragedia.

"Estamos sensibilizados por ese desastre lamentable, pero creemos que cuando la caja negra se decodifique, se sabrán las razones del mismo. No cabe al gobierno especular", afirmó.

La crisis aérea se desató tras el choque a fin de septiembre sobre la selva amazónica de un Boeing de la compañía Gol con un jet Legacy, que dejó un saldo de 154 muertos.

Después, los controladores, que piden su desmilitarización y mejores condiciones laborales, realizaron huelgas que colapsaron el tráfico aéreo.

"Nuestro sistema aéreo, a pesar de las inversiones hechas para expandir y modernizar casi todos los aeropuertos, pasa por dificultades", reconoció Lula. "El mayor problema hoy es la excesiva concentración de vuelos en Congonhas. Eso es lo que precisamos resolver inmediatamente", añadió.

El Conac ordenó que en un plazo de 60 días Congonhas deje de ser punto de conexión y escalas de vuelo y se limite a despegues y aterrizajes de viajes que lo tienen como punto inicial o final de un trayecto.

También prohibió operar nuevos vuelos fletados, charter y de pequeños aviones en Congonhas y dispuso redistribuir los ya autorizados.

En medio de la polémica sobre el accidente del martes, Tam admitió que, por un defecto encontrado cuatro días antes, el avión tenía desactivado un reversor, dispositivo de la turbina que ayuda a frenar el avión, siguiendo los procedimientos admitidos por el fabricante Airbus y las autoridades brasileñas.

"Volar sin reversor derecho no representa riesgo alguno, excepto en una pista muy contaminada (...) bajo fuerte lluvia, lo que no era el caso en Congonhas", dijo Ruy Amparo, vicepresidente técnico de la empresa.

El avión tocó la pista y, a gran velocidad, giró a la izquierda, atravesó una avenida e impactó contra un edificio de la propia Tam.

James Waterhouse, profesor de Ingeniería Aeronáutica de la Universidad de Sao Paulo, dijo a la AFP que "con un reversor de aterrizaje inoperante, el avión pierde capacidad de frenar de manera aerodinámica y se ve forzado a contar apenas con las ruedas".

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