Lula logró serenar a su vicepresidente

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Brasilia (ANSA) - El vicepresidente brasileño, José Alencar, cedió en su postura crítica y puso fin ayer a sus discrepancias con el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva en torno a la situación económica del país.

La semana pasada, Alencar había dicho que en lo económico, 2003 es un «año perdido» para Brasil, mientras que Lula afirmó que «éste es el año en que arreglamos Brasil».

Pero ayer Alencar salió a moderar su postura. «Yo no me opongo a lo que dijo el presidente. El dijo que éste es el año para arreglar Brasil. Y es verdad. Si no hubiera habido un combate a la inflación con rigor, todo se habría perdido», señaló. Alencar, un rico empresario del Partido Liberal y uno de los primeros hombres de empresa en confiar en Lula, se distanció del manejo oficial de la economía en el primer tramo del gobierno. Criticó con fuerza la suba de las tasas de interés, parte fundamental de la estrategia antiinflacionaria.

Lula nunca reaccionó con vehemencia ante las críticas de Alencar y, optando por suavizar la relación, llegó a afirmar respetuosamente que la discrepancia era natural dado que ambos pertenecen a partidos con visiones diferentes sobre algunos aspectos de la realidad.
Al parecer, esa estrategia, y la persistente baja de la tasa básica de interés (a 22%) han quitado argumentos a las críticas del vicepresidente.

Para Alencar, el problema de las tasas de interés elevadas en Brasil «es cultural» y lo atribuyó a los períodos de inflación elevada. «Las tasas reales son las más altas del mundo -dijo-. La Selic, aun en 22% al año, es 20 veces superior a las de varios países.»

Sin embargo, Alencar admitió que la reducción de las tasas de interés «no se hace sólo con voluntad. Es necesario que Brasil recomponga las condiciones para hacerlo. Y para eso tenemos que exportar, construir grandes saldos de la balanza comercial», concluyó el vicepresidente en un fuerte giro dialéctico que llamó la atención a los observadores.

Durante los últimos meses, Alencar fue una de las cabezas visibles de la oposición a la política monetaria del gobierno y frecuentemente criticó al ministro de Hacienda,
Antonio Palocci, y al presidente del Banco Central, Henrique Meirelles. En todos los casos, Lula optó por bajar el tono al conflicto, confiado -dicen analistas-en que la gradual caída de las tasas quitaría aire a sus planteos.

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