Río de Janeiro (AFP) - El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, finalizó el sábado su visita oficial de dos días a Cuba, durante la cual, si bien desistió de realizar fuertes críticas al régimen de Fidel Castro, mantuvo una reunión con el cardenal de La Habana, Jaime Ortega, figura que ya se ha convertido en una especie de interlocutor entre el gobierno cubano y los grupos de oposición. El encuentro fue interpretado como «un gesto político para los defensores de los derechos humanos».
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Asimismo, el mandatario brasileño se reunió con María Gilza Hilel dos Santos, cuyo hijo brasileño-estadounidense está detenido acusado de llevar ilegalmente ciudadanos cubanos a Estados Unidos.
Sin embargo, Lula se negó a mantener contactos con disidentes cubanos, tal como se lo habían solicitado familiares de reconocidos detenidos en la isla.
El domingo, la prensa brasile-ña destacó la postura que mantuvo Lula durante su viaje, ya que supo mostrarse como el líder del país de mayor incidencia económica y política de toda la región.
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