Luto en Brasil por muerte empresario de medios Roberto Marinho
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"Se fue un periodista excepcional. Un hacedor. Ningún brasileño lo superó como realizador", dijo emocionado el veterano caudillo político Antonio Carlos Magalhaes, senador y amigo de Marinho por 44 años.
El empresario, dueño de periódicos, cadenas de televisión, radios, empresas de Internet, operadoras de cable, editoras de libros y discos y de una fortuna personal estimada en más de 1.000 millones de dólares, había nacido en Río de Janeiro el 3 de diciembre de 1904.
Se encontraba en su domicilio en la noche del miércoles cuando sufrió un edema pulmonar y murió poco después en un hospital cercano.
Hijo del periodista Irineu Marinho, el empresario asumió la conducción de O Globo, el periódico familiar, cuando tenía 21 años, en 1925.
Su longevidad construyó un mito que el mismo alimentaba y que se convirtió en leyenda gracias a frases como "si algún día no estoy" o a anécdotas celebres, como cuando rechazó como presente unas tortugas que tenían 30 años de edad al saber que "apenas" vivirían 50 años más.
"Me apego mucho a esos bichitos, voy a sufrir cuando mueran", dijo entonces.
Marinho deja tres hijos -JoIao Roberto, Roberto Irineu y José Roberto, que trabajan en sus empresas- y a su esposa Lily, con la que se casó a los 83 años.
Su cadena de televisión, que llega al 95 por ciento de los hogares brasileños con televisión y lidera los índices de audiencia, se convirtió en sinónimo de calidad y fue uno de los artífices de la integración cultural del país, el más grande y poblado de América Latina.
Su trayectoria tampoco estuvo exenta de polémicas, como cuando en 1989 la TV Globo editó y presentó en horario central el debate entre los dos candidatos a presidente para las elecciones de ese año -Fernando Collor de Mello y Lula da Silva- de una forma en la que Collor, que resultó electo, se vio favorecido.
Nada de eso impedirá que Lula asista a su velorio en la tarde del jueves y despida a con honores a uno de los brasileños más influyentes del siglo XX y que deja su impronta hacia el siglo XXI.




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