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La lluvia permitió un poco de descanso este lunes a los bomberos que actúan en el oeste y en el sur de Sydney, aunque el desastre está lejos de concluir a causa de la persistencia de focos cerca de las localidades turísticas de la costa sur, así como la existencia de fuegos subterráneos.
El jefe de los servicos de lucha contra incendios, Phil Koperberg, indicó que los bomberos utilizarían escáneres con infrarrojos para detectar las llamas que avanzan bajo la superficie terrestre.
"La particularidad de estos incendios forestales es que hay fuegos subterráneos. Las raíces de los grandes árboles están ardiendo y la caída de 30 o 40 milímetros de agua no les llega inmediatamente", declaró.
En la zona de las Montañas Azules, al oeste de Sydney, cayeron unos 40 milímetros de lluvia durante la noche, lo que contribuyó prácticamente a la extinción de los incendios de esta zona.
La lluvia apagó también focos de fuego al sur y al norte de la ciudad.
El estado de Nueva Gales del Sur comenzó a reducir su dispositivo de emergencia permitiendo así a los bomberos de los estados vecinos, que llegaron como refuerzo, regresar progresivamente a sus casas.
No obstante, los servicios meteorológicos han anunciado el regreso de un tiempo caluroso y ventoso, con temperaturas que pueden alcanzar los 37 grados centígrados en la costa y los 38 en el interior.
En el momento más fuerte de la crisis, hasta 20.000 bomberos fueron movilizados para luchar contra un centenar de incendios forestales, que hasta el momento ha destruido un millón de hectáreas y unas 160 casas.
Los especialistas estiman que estos incendios han causado, además, daños considerables a la flora y fauna australianas, sobre todo a los koalas, cuyo hábitat en los alrededores de Sydney ha quedado reducido a cenizas.
Más de la mitad de estos incendios fueron provocados y 26 personas, 17 de ellas menores de 16 años, han sido detenidas por el momento.
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