La negativa de Gerhard Schröder a reconocer el derecho de la democristiana Angela Merkel a liderar el próximo gobierno alemán era sólo una estrategia para posicionar mejor su Partido Socialdemócrata dentro de la futura «gran coalición». Así se corroboró ayer, al confirmarse que ésta será la primera mujer y la primera dirigente del Este ex comunista en gobernar Alemania. Los empresarios -deseosos de ver reformas económicas drásticas, capaces de sacar al país del estancamiento y el alto desempleo deseaban que Merkel llegara a canciller. Pero la duda ahora es si la gran cuota de poder que se reservarán los socialdemócratas en el nuevo gabinete de unidad la terminará condicionando o si permitirá que, efectivamente, dichas reformas sean llevadas a cabo.
«Estamos en una encrucijada decisiva», no hay otra alternativa razonable para seguir adelante con las reformas en Alemania, dijo Merkel en conferencia de prensa, tras la reunión del directorio de la CDU. La gran coalición « tiene que ser una coalición de nuevas posibilidades», que tome en cuenta la gran preocupación del país por crear puestos de trabajo, agregó quien
La noticia del acuerdo para un gobierno de unidad complació a las asociaciones empresariales, que reclamaron la urgente continuidad de las reformas económicas.
«Es una buena señal que se hayan sentado las bases para una gran coalición», afirmó el director gerente de la Confederación de Cámaras de Industria y Comercio,
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