Londres - Paul Burrell ha cambiado la bandeja de plata que llevaba siempre al servicio de Diana, la princesa de Gales, por las balas de plata que dispara contra sus reales enemigos. Ayer se publicó «A Royal Duty» (Un deber real), un libro de memorias que levantan escalofriantes reflexiones sobre la manera en que murió Diana y que demuestra que efectivamente eran tres en el matrimonio de los Gales, Carlos, Di y el viejo gruñón del duque de Edimburgo, de cuyas cartas a la princesa saca Burrell algunas citas polémicas. «El duque hizo bastante más por salvar aquel matrimonio condenado al fracaso que el príncipe de Gales», me asegura Burrell. Por lo que se refiere a Chazza (apodo de Carlos de Inglaterra), Paul Burrell reconoce que habría querido «agarrarle por el cuello»; nunca habrá una reina Camila y Carlos no debería haber puesto a trabajar a gabinetes de imagen a que desacreditaran la memoria de Diana, mientras que Isabel, la reina dinosaurio, debe modernizarse para sobrevivir. Resulta un tanto arriesgado empezar una entrevista con esta pregunta, pero ¿acaso no debería haber aprendido el arte de callarse? ¿Acaso Guillermo y Enrique no tienen razón cuando hablan de traición? «No he perdido la esperanza de que algún día quieran saber cómo vivió su madre. Ellos estaban en el colegio, a ella la habían apartado del príncipe Carlos y llevaba una vida solitaria. Yo soy el único testigo de esa vida solitaria.» «Cuando murió, guardé todo en una caja y lloré su pérdida durante mucho más tiempo de lo que la gente cree», afirma, mientras le brotan las lágrimas. En otro momento, el ex mayordomo parece indicar que se guardó toda esa información por miedo. «La reina había hablado de unas fuerzas de las tinieblas. Yo lo había perdido todo. A la vista de la situación, ¿no le parece normal que este muchacho que le habla tuviera un poquito de miedo?» «Todos tenemos muy presente que hay servicios de seguridad. Hay mucha gente empleada en ese edificio al sur del Támesis. ¿A qué se dedican? Durante el juicio que se siguió contra mí, me encontré con que había 20 números a los que yo telefoneaba regularmente que estaban pinchados», afirma.
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«Yo soy el guardián de esos secretos. ¿A quién podría haber recurrido? No se las podía entregar a los príncipes; estaban llorando la pérdida de su madre. Los Spencer las habrían roto. Frances Shand Kydd -la madre de Diana- se pasó una semana en el palacio de Kensington quemando cartas.
«Yo no sólo perdí a una amiga; perdí a mi patrona, perdí un hogar, perdí un buen colegio para mis niños, perdí un coche. No me da vergüenza decir que, con Diana, perdí el centro de mi mundo. Mi mujer me repetía siempre lo mismo: 'Ya está muerta, Paul, tienes que hacer tu vida', pero yo tengo pasión por la verdad. De Diana se ha pintado un retrato que no se corresponde con la realidad.» «Al príncipe le contó la policía muchas mentiras en el transcurso de mi proceso judicial. Me habría gustado tener la oportunidad de agarrarle por el cuello, sentarle a una mesa y decirle: 'Mire, preste atención ahora a mi versión de lo ocurrido'. Yo le escribí y me devolvieron todas las cartas.» En cualquier caso, parece claro que Burrell todavía tiene mucho que decir del mundo íntimo de Diana. «Fui uno de los más íntimos amigos suyos fuera de la cama. 'Querido, estoy contigo al cien por cien!', me decía.» «Yo la necesitaba y ella me necesitaba», añade. «Nos alimentábamos mutuamente. Ella necesitaba mis consejos y yo necesitaba que ella me necesitara. Nos hicimos cada vez más y más íntimos. Yo era su dama de compañía, su mensajero, de todo. Eso me daba la vida.» Ahora, a los 45 años, ha tratado de rehacer su vida con la floristería y asegura que tendrá la oportunidad de calibrar la reacción de la opinión pública hacia su libro cuando vuelva al mercado mayorista de flores de Lancashire a comprar más mercancía. «Allí siempre se me acerca la gente, para decirme cualquier cosa, para contarme lo que su tía abuela Marge piensa de la familia real». Antes de eso, tiene concertadas entrevistas para la televisión, unas páginas en la revista «Hello!» y un viaje a los Estados Unidos. ¿Cuál habría sido la reacción de Diana sobre el matrimonio de Carlos con Camila? «Ese matrimonio es algo que depende de él. Además, todos deseamos que la reina viva hasta una edad avanzada, hasta los 102 años como mínimo. ¿Quién sabe lo que puede ocurrir? Carlos juega al polo y ése es un deporte de alto riesgo.» Burrell afirma que también a él «le aterra» especular con la posibilidad de que Diana fuera asesinada. «Estoy seguro de que hay muchas personas que querían que la princesa Diana desapareciera.» ¿Carlos entre ellas?, le pregunto. «Bueno, ella se había convertido en un problema. Había dado pruebas de que no se iba a quedar callada; todavía hoy sigue dando que hablar. Tendrían que haberse dado cuenta de lo que tenían mientras la tenían: ella era la joya de la corona.»
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