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Carrillo estuvo un año refugiado en Buenos Aires.
Regresó clandestinamente a España en 1976, un año antes de que fuera legalizado el PCE, al que se había afiliado en julio de 1936, y por el que fue elegido diputado en 1977, en las primeras elecciones de la época democrática, y luego reelegido en 1979 y 1982.
Durante su etapa como delegado de Orden Público y miembro de la Junta de Defensa de Madrid (1936) se le responsabilizó de la matanza de militares sublevados en la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama, aunque Carrillo siempre sostuvo que fue obra de descontrolados.
El histórico dirigente comunista, que abandonó el PCE en 1985, dedicó sus últimos años a escribir libros y artículos, y a dar conferencias.
Carrillo vivió el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y fue uno de los tres políticos, junto al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y al vicepresidente, general Gutiérrez Mellado, que permaneció en su escaño, desobedeciendo las órdenes del coronel Antonio Tejero Molina a los diputados de que se tumbaran en el suelo del Parlamento tras el asalto.
Es considerado uno de los artífices de la Transición por su papel destacado como representante comunista en las negociaciones que se mantuvieron y en los llamados "pactos de la Moncloa", los acuerdos entre las fuerzas políticas españolas que trazaron la senda de la España democrática.




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