Cuando George Bush se prepara para visitar cinco países de América latina desde el jueves a la noche, su gobierno sufre nuevas complicaciones. Pese a los esfuerzos militares para estabilizar Irak, la violencia allí no cede. Terroristas sunnitas atacaron ayer a fieles chiitas, agudizando la guerra civil confesional. Además, un alto funcionario de la Casa Blanca fue encontrado culpable de haber obstruido a la Justicia en un caso por la filtración a la prensa del nombre de una espía de la CIA. Este juicio recordó a los estadounidenses las polémicas que rodearon la invasión a Irak, con las nunca probadas acusaciones de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.
Soldados iraquíes inspeccionan el cadáver de uno de los terroristas suicidas que se inmolaron ayer en medio de una peregrinación de fieles chiitas.
Bagdad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Más de 130 personas perecieron ayer en Irak, la mayoría en atentados terroristas contra peregrinos chiitas que viajaban a la ciudad santa de Kerbala para participar el sábado de una celebración religiosa, en una de las jornadas más cruentas desde marzo de 2003, cuando EE.UU. invadió el país.
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El ataque más sangriento fue perpetrado por la tarde en la ciudad de Hilla, al sur de Bagdad, donde murieron al menos 90 peregrinos y 160 resultaron heridos, según fuentes médicas.
«Entre los heridos hay 50 en estado crítico. El 80% de las víctimas son jóvenes, pero hay mujeres y niños entre los muertos», declaró el médico Mohammed Timini, del centro de urgencias del hospital local.
Dos personas hicieron estallar su carga en medio de una multitud de peregrinos que se dirigían a pie desde el sur de Irak hasta la ciudad santa de Kerbala, 00 km al sur de Bagdad, informó el jefe de policía, Karim Al-Hamzawi, que añadió que el «doble atentado se produjo por la tarde en Nadir, a 2 km de Hilla. «Vi a uno de los suicidas. Tenía unos 40 años. Se inmoló y vi partes de cadáveres volando», dijo un testigo que declinó dar su nombre.
Conmemoración
Miles de fieles se dirigen durante estos días en colectivo y a pie desde todo Irak para conmemorar el sábado el 40º día posterior a la muerte del imán Hussein -una de las figuras más veneradas por el islam chiita-, asesinado en el año 680 de nuestra era por la dinastía sunnita de los Omeyas.
Antes de este atentado, que atiza la guerra civil interconfesional, 35 peregrinos ya habían muerto en varios ataques. La violencia también afectó a las tropas estadounidenses, que ayer perdieron a nueve militares en dos ataques al norte de Bagdad, en momentos en que se busca reforzar la seguridad en el país a través de un masivo despliegue de tropas.
Estos decesos, que se produjeron al estallar bombas al paso de sus vehículos, elevaron a 3.179 el número de militares norteamericanos fallecidos en Irak desde marzo de 2003, según un recuento basado en cifras del Pentágono.
Por otro lado, un grupo de insurgentes atacó una prisión del norte de Irak y, tras tomar su control brevemente, liberó al menos a 140 detenidos. «Un importante grupo de insurgentes, armados con fusiles de asalto y ametralladoras montadas en camionetas, atacó la cárcel de Badush», declaró Hicham al-Hamdani, funcionario de seguridad del consejo de la provincia de Nínive, donde se encuentra la cárcel.
«Los guardias sólo opusieron una escasa resistencia a causa del número de agresores, que penetraron en la cárcel y liberaron a 140 de 150 detenidos, algunos de ellos extranjeros», añadió.
El sitio «está de nuevo bajo control de las autoridades. Intervinieron helicópteros estadounidenses, y cinco terroristas murieron» durante los enfrentamientos, añadió el funcionario.
El ataque fue planeado por Abu Omar al-Baghdadi, el autoproclamado emir del «Estado islámico en Irak», una alianza de grupos sunnitas liderados por la rama iraquí de Al-Qaeda, aseguró Al-Hamdani.
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