No habrá castrismo sin Castro
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Desde el
martes de
la semana
pasada,
Fidel
Castro no
se ha
dirigido a
los
cubanos,
ni siquiera
a través
de
comunicados.
Dicen
que
mejora,
pero
continúan
las dudas.
Cuba, situada en el corazón del mundo libre, no puede ser permanentemente la anacrónica excepción de una utopía enterrada hace más de 15 años. El comunismo fue una pesadilla del siglo XX, que se saldó con 100 millones de muertos y un tercio del planeta empobrecido y aterrorizado.
Los cubanos (incluidos los castristas) no ignoran que todo el este de Europa es hoy más feliz y próspero de lo que era antes de 1989, dato que se comprueba en el escaso respaldo electoral de los viejos estalinistas. También saben que chinos y vietnamitas se alejan rápidamente de las supersticiones marxistas y resucitan el mercado y la propiedad privada.
Hay vida más allá del comunismo. Los revolucionarios cubanos no sólo tienen todos los incentivos para cambiar, sino, además, han aprendido que los viejos comunistas, si no han sido responsables de crímenes horrendos, pueden reciclarse dentro de formaciones políticas democráticas, como ha sucedido en Polonia, Eslovenia o Rusia, y permanecer o reconquistar el poder por la vía de las urnas y el apoyo popular, siempre que respeten las libertades.
Existe una oposición democrática dentro y fuera de Cuba con la cual pactar la transición. Con los años, el dolor y la experiencia, dentro y fuera de Cuba, se ha forjado una oposición democrática que, una vez desaparecido Fidel Castro, está dispuesta a propiciar una transición pacífica hacia la libertad, pactando las condiciones y los plazos con los sectores reformistas del gobierno.
Estados Unidos no quiere anexar a Cuba, sino contribuir copiosamente a que en la isla se instalen un gobierno democrático y un sistema económico capaz de generar prosperidad creciente. Todos los cubanos saben, y eso es un gran incentivo para estimular la transición, que Estados Unidos volcará su poderío económico para estabilizar la situación en la isla y lograr que los cubanos vean de inmediato una mejora sustancial en sus formas de vida para disuadirlos de que intenten emigrar ilegalmente a Estados Unidos. Con democracia, libertad económica y estado de derecho, en el curso de una generación Cuba se situará junto a Chile, Argentina y Uruguay a la cabeza de América latina, como ocurría antes de 1959.
(*) Escritor y periodista cubano, vicepresidente de la Internacional Liberal.




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