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12 de agosto 2002 - 00:00

Nueva York, mal preparada para un nuevo atentado

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Morabito, que oculta su dolor tras unos anteojos negros, reconoce que la magnitud de la catástrofe les desbordó: «Pero te voy a decir una cosa: ayudamos a evacuar a 30.000 personas, y la satisfacción que da haber salvado tantas vidas lo compensa todo, o casi todo... Por eso sigo en la brecha». Murieron 343 bomberos y 25 policías. Sin especular sobre cuántas víctimas pudieron evitarse, y exaltando el coraje del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY),
El informe, elaborado por McKinsey & Company, llegó la semana pasada al despacho del alcalde de Nueva York,



El informe exalta el valor y la destreza demostrados por los FDNY, pero también recalca que gran parte de los jefes de departamento llevaban hasta 15 años sin pasar por la rutina de entrenamientos. Y, por si fuera poco, lo que todos se temían: el éxodo de bomberos desde el 11 de setiembre y la jubilación prematura de decenas de veteranos están dejando al departamento sin efectivos. Entre enero y junio de este año se han producido 661 bajas anticipadas, frente a las 274 del año pasado por la mismas fechas. «Yo he decidido seguir, pero comprendo a los compañeros que se han ido», prosigue John Morabito, a las puertas de la compañía número 10 en el bajo Manhattan.

«Perdimos casi tantos hermanos como días tiene el año. Al cabo de once meses, seguimos con funerales y homenajes... Pero somos una gran familia, y nos debemos a esta ciudad y a sus vecinos.»

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