8 de julio 2008 - 00:00

Nuevo escenario de la vieja disputa nuclear

Delhi - La Embajada de la India en Kabul, blanco ayer de un atentado suicida, es un símbolo de los esfuerzos indios por establecer una mayor influencia estratégica en Afganistán desde la caída del régimen talibán en 2001.

La creciente presencia de India en Afganistán, con la apertura de consulados en varias ciudades y participación en la reconstrucción, puso a Nueva Delhi en competencia con su rival histórico, Pakistán, señalan los analistas.

Pakistán condenó el ataque suicida con coche bomba perpetrado contra la Embajada de la India en Kabul, pero la prensa india y los comentaristas lo interpretaron como parte de una contienda afgana que se intensifica entre los dos vecinos rivales.

India y Pakistán, ambos en posesión de armas atómicas, libran según los analistas un enfrentamiento indirecto.

«Pakistán tiene una política declarada de búsqueda de importancia estratégica en la región, en Afganistán y más allá», afirma

C. Uday Bhaskar, ex subdirector del Instituto de Estudios de Defensa y Análisis de Nueva Delhi.

«India, desde la caída de los talibanes, ha tratado de reactivar sus relaciones con Afganistán. Así que ahí existe un elemento de competencia», afirma Bhaskar.

Los autores del atentado «son las fuerzas que intentan trastornar la administración del presidente Hamid Karzai, trastornar cualquier tipo de iniciativa que busque un cambio respecto de lo que representaban los talibanes», agrega.

Según algunos comentaristas en India y muchos responsables en Afganistán, dichas «
fuerzas» son un vínculo entre militantes islamistas y elementos de la agencia de inteligencia paquistaní, la Inter Services Intelligence (ISI).

Pakistán niega con firmeza su respaldo a los talibanes y desmiente las críticas afganas de que haya fracasado en controlar a los militantes talibanes basados en sus zonas tribales limítrofes con Afganistán.

«No creo que Pakistán quisiese atizar el fuego en la presente situación interfiriendo en Afganistán. No podemos hacerlo a menos que estemos locos», declaró un ex responsable del ISI, Asad Durrani.

Durante años, India y Pakistán han estado en bandos opuestos en los devastadores conflictos que han sacudido Afganistán.

Tras la invasión soviética en 1979, Pakistán respaldó a los rebeldes islámicos del grupo étnico pashtun y más tarde dio su apoyo a la milicia talibán. India, aliado de la Unión Soviética, se mantuvo al margen del conflicto hasta el colapso del gobierno prosoviético afgano en 1992.

El auge de los talibanes proporcionó un fértil terreno de entrenamiento a los militantes paquistaníes que luchaban contra las fuerzas indias en Cachemira, región del Himalaya dividida entre India y Pakistán pero reclamada por ambos.

Nueva Delhi comprendió rápidamente el significado estratégico de Afganistán y se implicó en el conflicto, oponiéndose directamente a Islamabad.

Y una vez derrocados los talibanes en una invasión internacional encabezada por Estados Unidos, e instalado el gobierno prooccidental de Karzai, la India comenzó a incrementar su presencia diplomática en el país.

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