Nuevos choques entre palestinos e israelíes en la Explanada de Mezquitas
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Miles de musulmanes realizan la usual plegaria de los viernes (arr) y palestinos arrojan piedras contra la policía israelí que custodia el lugar.
Precedentemente, la policía de Jerusalén había detenido a tres palestinos que habían ignorado las severas limitaciones ordenadas en el ingreso de la Explanada.
Esta semana, Israel congeló el proyecto de un puente o rampa de acero que uniría la Explanada del Muro de los Lamentos con la Puerta de Mugrabi, uno de los accesos a la Explanada de las Mezquitas, pero anunció que proseguirá con una serie de excavaciones arqueológicas, cuyo desarrollo podrá seguirse a través de Internet.
Ayer, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, en visita a Ankara, propuso que una delegación turca visite Jerusalén para constatar que las labores que continúan no representan ningún peligro para la estabilidad de la mezquita de al-Aqsa, el tercer sitio sagrado del Islam vecino a la Explanada.
Mientras que los palestinos de los Territorios parecen más enfrascados en cuestiones de política interna, en primer lugar, la constitución de un gobierno de unidad nacional y la prosecución de la tregua entre Hamas y Al-Fatah, el liderazgo de las protesta populares contra las obras en la Puerta de Mugrabi fue asumido por el jeque Salá, de 49 años.
El dirigente afirmó ayer, en Wadi Joz, que los árabes israelíes deben desencadenar "una insurrección para detener las obras en curso".
El objetivo de Israel, según Salá, es "destruir la mezquita de al-Aqsa y edificar en su lugar un nuevo templo judío".
En septiembre de 2006, Salá ya había organizado una manifestación en su ciudad, Um el-Fahem, norte de Israel, para alertar que la mezquita de al-Aqsa estaba "en peligro", ocasión en la que aseguró a sus seguidores que el estado judío "no duraría mucho".
También había dicho que Jerusalén pronto se convertiría en "la capital de un nuevo califato islámico".
Asimismo calificó entonces como "castigo divino" el ataque cerebro-vascular que postró al ex premier Ariel Sharon, que, a su juicio, se produjo por la visita a la Explanada de las Mezquitas de 2000.
Esta aparición de Sharon, considerada una "provocación" por la población musulmana, desencadenó una nueva "Intifada" o lucha de resistencia contra la "potencia opresora".
En la movilización de ayer Salá volvió a cargar las tintas contra el estado de Israel.
"Toda la historia de Israel está impregnada de sangre. Quieren construir su templo mientras sus ropas están ensangrentadas. Tienen nuestra sangre en sus puertas, en su comida, en su bebida. Nuestra sangre pasa de un general terrorista a otro", dijo.
Considerado en Israel como un financista del grupo islámico palestino Hamas y propulsor de la lucha armada, ya pasó dos años en prisiones israelíes.
Numerosos políticos de Israel pidieron ayer sanciones contra el jeque, que van desde el arresto administrativo hasta la quita de la ciudadanía.
La ciudadanía israelí de Raed Salá, líder del Movimiento Islámico del Norte de Israel, debe ser revocada, dijo el líder del Partido Nacional-Religioso, Zevulun Orlev, en un llamado al fiscal general Menachem Mazuz.
Según Orlev, Salá pecó de "expresiones antisemitas".
También el ministro Yaakov Edri (Kadima) se sintió conmocionado por las declaraciones de Salá y su incitación a la revuelta lanzada a la población árabe en Israel.
Según Edri, hay que examinar la posibilidad de pedir un "arresto administrativo" para Salá.
Otro diputado de derecha, Efraim Eitan, dijo que Salá representa ahora "una bomba de tiempo" para el estado de Israel.




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