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3 de enero 2005 - 00:00

Países asiáticos diseñan sistema de alerta contra maremotos

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"Con otros países estamos evaluando un sistema de alerta para las catástrofes naturales y los tsunami", dijo Yudhoyono, quien dio instrucciones a la Agencia para la Investigación Aplicada a la Tecnología y a la Oficina de Geofísica de Jakarta para que elaboran el proyecto.

Tropas estadounidenses y trabajadores humanitarios lanzaban este lunes más alimentos a millones de personas hambrientas y sin hogar tras el reciente tsunami que azotó Asia dejando al menos 145.000 muertos contabilizados.

Mientras siguen aumentando las donaciones públicas y privadas en todo el mundo para los damnificados, el secretario de Estado norteamericano Colin Powell inició una gira por el sur de Asia para coordinar esta ayuda, a tres días de una cumbre sobre la catástrofe, que se celebrará el jueves en Yakarta.

El país más afectado por la tragedia ocurrida el 26 de diciembre es precisamente Indonesia, con un balance oficial provisional de 94.081 muertos y numerosas aldeas anegadas por las aguas.

De momento, el número de víctimas mortales contabilizadas asciende ya a 144.781 En once países, pero esta escalofriante cifra podría aumentar considerablemente ya que el ministerio de Salud indonesio baraja la posibilidad de que haya 100.000 Muertos en el norte de Sumatra.

Aunque las autoridades indonesias exigen que se siga buscando hasta el último superviviente, muchas entidades humanitarias pidieron la suspensión de las tareas de búsqueda de desaparecidos.

El ministro de Medio Ambiente tailandés, Suvit Junkiti, citado por diarios locales, anunció que el miércoles concluirán las labores de rescate en la mayoría de las regiones.

De momento, los socorristas centran sus esfuerzos en zonas aisladas, como el pueblo de pescadores de Baan Nam Khem (sur), donde miles de personas continúan sin dar señales de vida.

En Sri Lanka, la presidenta Chandrika Kumaratunga advirtió que el balance de muertos, que ya asciende a 29.957, podría incrementarse a causa de los muchos desaparecidos.

Los maremotos, originados por un sismo de 9 grados de magnitud en la escala abierta de Richter, arrasaron las costas del Océano Indico con olas gigantescas que se llevaron por delante a personas y aldeas enteras.

La tragedia desencadenó una ola de solidaridad con generosos donativos que se acumularon durante días en los aeropuertos de la zona.

Sin embargo, el lunes se paliaban los retrasos y la ayuda se abría paso en las carreteras rumbo a las zonas siniestradas.

Helicópteros del portaaviones estadounidense "Abraham Lincoln" lanzaron por segundo día consecutivo víveres en la provincia de Aceh, una de las más afectadas de Indonesia con más de 270.000 refugiados que malviven hacinados en campamentos.

En las áreas más recónditas, otros muchos tratan de resistir sin agua, comida ni medicamentos, según las organizaciones humanitarias.

Por otra parte, las Naciones Unidas temen que la aparición de brotes de cólera y diarrea maten a miles de personas.

Cuarenta y dos marines norteamericanos llegaron el lunes al aeropuerto internacional Bandaranaike de Colombo, en Sri Lanka, donde se espera que casi 1.500 soldados estadounidenses participen en las tareas de salvamento en un país en el que murieron 29.957 Personas y 5.740 siguen desaparecidas, según la presidencia.

El coordinador de ayuda de emergencia de la ONU, Jan Egeland, dijo que en Indonesia la destrucción de las infraestructuras de transporte dificultan la distribución de la ayuda.

"En este momento podemos llegar a todos los países afectados salvo (las regiones indonesias de) Sumatra y Aceh", declaró en Nueva York.

Según la organización humanitaria australiana World Vision Australia, Los donativos individuales y gubernamentales no bastarán para socorrer a los siniestrados.

Su director general, Tim Costello, consideró necesario un esfuerzo del tamaño del Plan Marshall, en el que Estados Unidos aportó el equivalente actual a 100.000 millones de dólares para la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, se esfuman las esperanzas de que la catástrofe humanitaria contribuya a poner fin, al menos temporalmente, a dos de las guerras más sangrientas de la región, en Indonesia y Sri Lanka.

Y es que los llamamientos a la unidad nacional de los primeros días dejaron paso a enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes de los dos países.
   

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