Pelosi rompió el discurso del presidente y la grieta estalla en EE.UU.

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El discurso anual ante el Congreso derivó en sorprendentes gestos mutuos de agresividad.

Washington - Todo Estados Unidos comentó ayer apasionadamente, alineando dos bandos enfrentados en torno a una grieta que no deja de ensancharse, la serie de desaires y gestos agresivos que se dedicaron el presidente Donald Trump y la titular de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, en la noche del martes, al cabo del discurso sobre el estado de la Unión que pronunció el primero. La polémica se centró, sobre todo, en la decisión de la legisladora progresista de romper ante las cámaras, y parada detrás del presidente, el texto del mensaje que este acababa de pronunciar, un gesto sin precedentes.

Mientras el debate se prolongaba furiosamente en las redes sociales y en los medios de comunicación, Pelosi se defendió ayer al señalar que no tenía planeado romper una copia del discurso, pero que decidió hacerlo porque no pudo encontrar una página en “que no mintiera”.

Mientras Trump hablaba, la legisladora, sentada detrás del mandatario y junto al vicepresidente Mike Pence, no ocultó su incomodidad, revoleó los ojos, frunció el ceño en varias ocasiones que fueron acompañada por sonrisas irónicas. Ni bien el mensaje terminó, Pelosi hizo trizas el texto.

La líder demócrata fue ovacionada de pie por sus legisladores en una reunión realizada ayer.

“Anoche (por el martes) vimos al presidente de Estados Unidos destrozar la verdad frente a nosotros”, dijo Pelosi, según uno de los asistentes al encuentro.

Pelosi dijo que Trump mintió al afirmar que protegería la cobertura de un seguro de salud para pacientes con preexistencias, ya que su administración respalda una demanda que busca revocar una ley que protege a esos pacientes. “Traté de encontrar una página que no contuviera una mentira”, dijo Pelosi.

“Está vendiendo una lista de productos como un vendedor de aceite de serpiente. No podemos dejar que esto siga. Entonces apilé mis papeles de una manera que pudieran romperse”, añadió según la fuente.

Pelosi habría dicho además a sus correligionarios que el hecho de que el presidente no le diera la mano antes del discurso no influyó en la decisión de romper el documento, pero ese hecho también fue apasionadamente comentado.

La inquina entre ambos se hizo máxima cuando Pelosi decidió respaldar y dar curso al procedimiento de juicio político contra Trump por el Ucraniagate (ver pág. 20).

En su discurso anual sobre el estado de la Unión ante la asamblea legislativa, Trump hizo alarde de sus promesas “cumplidas”, se jactó de una economía “rugiente” y evitó cualquier referencia al impeachment.

“A diferencia de muchos que vinieron antes que yo, cumplo mis promesas”, afirmó Trump, interrumpido incesantemente por las ovaciones de pie y los cánticos de “USA, USA, USA” y “¡Cuatro años más!” de los republicanos, mientras que los miembros de la oposición demócrata permanecían sentados y con mala cara.

En la misma Cámara de Representantes que lo acusó de “abuso de poder” y “obstrucción al Congreso”, Trump barajó todos los temas de la campaña: su “poderoso muro” contra la inmigración desde México, su intención de prohibir el “aborto tardío”, y las acusaciones contra los candidatos demócratas que, según él, propician “una toma socialista de nuestro sistema de salud”.

Pero sobre todo enfatizó “el gran éxito económico” de Estados Unidos. “Nuestra estrategia ha funcionado”, dijo, refiriéndose a sus acuerdos comerciales con China, y con México y Canadá.

Al defender su política exterior, Venezuela cobró protagonismo. “Maduro es un gobernante ilegítimo, un tirano que brutaliza a su pueblo. Pero el dominio de la tiranía de Maduro será aplastado y roto”, dijo el mandatario, quien invitó al líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó, a quien considera presidente interino y presentó como un “invitado especial” (ver nota aparte).

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