Pentágono acumula chatarra cara de última generación
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El gráfico muestra la evolución de algunos de los proyectos armamentistas más ambiciosos del Pentágono en los últimos años. En estos casos, las prestaciones obtenidas no guardaron proporción ni con las expectativas ni con los recursos destinados.
El problema se agrava a medida que Rumsfeld lleva adelante la «transformación» de la defensa de Estados Unidos. En esencia, eso consiste en quebrar la supuesta burocracia de los militares y crear un ejército más flexible. Por ahora, la realidad, en forma de la insurgencia de Irak, está conspirando contra los planes de Rumsfeld. Por ejemplo, la desaparición de las divisiones y su sustitución por brigadas ha tenido que ser aplazada. Y lo mismo ha pasado con la más que previsible reducción de la infantería, que quedaría limitada a las fuerzas especiales.
Con todo, el Predator es un relativo éxito si se compara con otras «joyas» del arsenal estadounidense. La más famosa es el F/A-22 Raptor, un cazabombardero fabricado por Lockheed Martin que merece ganarse el título de arma más absurda de la historia. Fue diseñado al término de la Guerra Fría, pero sólo empezó a entrar en servicio el año pasado, 10 años después de lo previsto, y con un precio seis veces mayor al inicialmente presupuestado. Además, su utilidad es más que cuestionable. Hoy en día, los cazas de EE.UU. de los '70 -los F-14, F-15, F-16 y F-18- siguen sin rival, incluso frente a modelos recientes, como el Eurofighter o el Grippen sueco. Y encima, dentro de cuatro años entrará en servicio otro caza aún más adelantado que el Raptor, el F-35. Un nuevo proyecto cuyos costos, para variar, ya se están disparando. El año pasado, el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció que el presupuesto del F-35 deberá aumentar 23%, hasta los 244.000 millones de dólares. Al menos, el F/A-22, el helicóptero de reconocimiento Comanche, que fue cancelado el año pasado, o el F-35 son ruinosos, y tal vez inútiles. Pero hay casos peores, como el del V-22 Osprey, un espectacular híbrido entre avión y helicóptero que supuestamente será utilizado por la Infantería de Marina cuando los militares decidan que el V-22 es una máquina fiable y no un ataúd volante que hasta la fecha se ha cobrado la vida de 23 marines en diferentes accidentes. El resultado de todo ello es que cada mes Boeing fabrica, por el módico precio de 160 millones de dólares (cinco veces su precio original), un Osprey que inmediatamente después se almacena en un hangar.
El ejército tampoco se libra de esta sucesión de catástrofes. El costo del desarrollo del Striker, su último vehículo acorazado y una de las joyas de la transformación de Rumsfeld, asciende a 10.000 millones de dólares. Sin embargo, el comportamiento de las 300 unidades de este vehículo en Irak ha dejado mucho que desear. El primer día que fueron desplegados, los insurgentes ya destruyeron uno. Desde entonces, las máquinas han estado plagadas de problemas. Y algunos de ellos son surrealistas. Por ejemplo, el fabricante -General Dynamics-ha puesto cinturones de seguridad tan cortos que no alcanzan a rodear a los soldados.Y, en lo que parece un gag de Gila, el Striker tiene que detenerse cada vez que quiere disparar. ¿Por qué suceden estas catástrofes? La respuesta es simple: corrupción. Al cancelar el Osprey, la administración de Bush padre dañó las posibilidades de reelección del presidente en los estados de Texas y Pennsylvania, donde el avión iba a ser fabricado. Así que no es de extrañar que Bill Clinton rápidamente reactivara el proyecto. Algunos senadores, como Joe Lieberman, que fue candidato a la vicepresidencia con Al Gore en 2000, son famosos por defender programas de defensa siempre y cuando generen empleos en los estados que representan. Y además está la relación incestuosa entre el Departamento de Defensa y los contratistas privados.
Ese es el caso del teniente general Fred McCorkle. Según el analista de Defensa Carlton Meyer, «McCorkle llevó a cabo una apasionada defensa del V-22 durante su mandato. Poco después de retirarse de los Marines, en octubre de 2001, entró en el consejo de administración y se convirtió en un alto asesor de GKN Aerospace Services (fabrica los depósitos de combustible del V-22).



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