En enero de 1926, España protagonizó uno de los viajes más ambiciosas de su historia aeronáutica: el vuelo del Plus Ultra desde Palos de la Frontera hasta Buenos Aires.
El vuelo duró 19 días, recorriendo más de 10.000 kilómetros con escalas en Canarias, Cabo Verde, Brasil y aterrizando en Buenos Aires.
Actualmente, el Plus Ultra se exhibe en en el Complejo Museográfico Provincial "Enrique Udaondo" de Luján.
En enero de 1926, España protagonizó uno de los viajes más ambiciosas de su historia aeronáutica: el vuelo del Plus Ultra desde Palos de la Frontera hasta Buenos Aires.
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Casi un siglo después, la misión sigue siendo un récord técnico y militar para el Ejército del Aire. Combinó destreza, planificación estratégica y un alto riesgo humano, demostrando que el país europeo estaba listo para enfrentar travesías transoceánicas mucho antes de que la tecnología moderna facilitara este tipo de recorridos.
La misión fue impulsada por el Ejército del Aire y contó con el respaldo del Estado español, que entendía la travesía como una forma de prestigio nacional y una manera de reafirmar su presencia en América Latina.
El hidroavión, un Dornier Do J Wal de origen alemán, fue preparado con depósitos de combustible ampliados y ajustes técnicos que permitieran superar los 10.000 kilómetros de distancia con Argentina sin demorar demasiado en las escalas en Las Palmas, Cabo Verde, Fernando de Noronha, Recife y Río de Janeiro.
La travesía, a su vez, demandaba un nivel de precisión y resistencia nunca antes visto, ya que la navegación se realizaba mediante referencias astronómicas y visuales, sin la ayuda de sistemas electrónicos modernos.
La tripulación estaba compuesta por el comandante Ramón Franco, piloto principal; el capitán Julio Ruiz de Alda, navegante; el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada.
Después de 19 días de travesía y cerca de 60 horas de vuelo, el 10 de febrero de 1926, el Plus Ultra amerizó en el Río de la Plata. La llegada a Buenos Aires fue recibida con entusiasmo por miles de personas que reconocieron en la tripulación un símbolo de progreso técnico y de fraternidad entre España y Argentina.
Como gesto de reconocimiento y hermandad, el rey Alfonso XIII donó el hidroavión a nuestro país, donde sirvió como transporte de correo. Actualmente, se exhibe en el Complejo Museográfico Provincial "Enrique Udaondo" de Luján, y una réplica está en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica de Madrid.
A fines de la década de los 80 fue enviado a la nación española para realizar una restauración general, con el objetivo de volver a realizar la travesía transoceánica. Sin embargo, el estado de la nave no estaba en óptimas condiciones y era necesaria una reconstrucción casi completa para lograrlo.