Los conservadores fueron un apoyo decisivo para Blair en el ataque a Irak, si se tiene en cuenta que su propio partido, el laborismo, se dividió en dos en el Parlamento, un hecho extremadamente inusual en la política británica. Al pedido conservador se le sumó, precisamente, el del bloque de laboristas rebeldes, quienes instaron al Comité de Inteligencia del Parlamento para que investigue la calidad y veracidad de los informes entregados por los servicios de inteligencia británicos a los ministros de Whitehall y a Tony Blair.
Robin Cook, ex canciller y líder de la Cámara de los Comunes, dijo que «el gobierno británico debe encontrar las armas de destrucción masiva, o de otra forma la guerra en Irak será declarada ilegal».
Otro laborista rebelde,
Dalyell también afirmó que el anuncio de las fuerzas anglo-estadounidenses de que instalarán al menos cuatro bases militares permanentes en Irak era «predecible y lastimoso». «Tanto el presidente George W. Bush como Blair pretenden obligar al mundo a creer en los valores del imperialismo más despiadado. Pero debemos impedirlo», dijo el parlamentario. Según informó «The Independent» el domingo, Blair se opone a la creación de una comisión, porque un equipo de mil inspectores de la coalición partirá para la región con el fin de hallar las armas esquivas.
La desconfianza se extiende también al Partido Demócrata Liberal. El legislador
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