Brasilia (EFE, Reuters) -Si no fuera por las tragedias que supusieron los accidentes del avión de Gol, en setiembre del año pasado, y el de TAM, el martes, las declaraciones de importantes autoridades brasileñas sobre la crisis aérea que vive el país serían dignas de figurar en una antología de frases cómicas.
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Una de las más comentadas fue la de la ministra de Turismo, Marta Suplicy, quien el mes pasado -con el accidente de Gol ya a cuestas- dijo que los pasajeros no debían irritarse por las grandes demoras provocadas en los aeropuertos por las protestas y huelgas de los controladores aéreos. Desempolvando su título de sexóloga, la mujer, que tuvo una gestión poco recordable como alcaldesa de San Pablo, les aconsejó «relajarse y gozar», ya que, aseguró, la alegría de viajar compensa las incomodidades de los aeropuertos.
También se destacó el presidente de Infraero, José Carlos Pereira, quien afirmó que no había que temer por la seguridad de los vuelos, ya que justamente los aviones no se caen cuando se quedan en tierra a causa de las protestas de controladores.
La ironía de quien lidera el ente encargado de administrar los aeropuertos por los que pasa el 97% del tráfico aéreo en ese país no sería tan irritante si no fuera por lo ocurrido en setiembre y ayer.
Otra perla recordada ayer por la prensa la entregó el ministro de Hacienda, Guido Mantega, quien en un derroche de optimismo dijo que la saturación de los aeropuertos es consecuencia de la prosperidad económica de Brasil.