En una de sus recientes visitas a Estados Unidos, Alejandro Toledo se sintió molesto cuando sus anfitriones le sugirieron que el juicio contra Vladimiro Montesinos, ex jefe de los servicios de Inteligencia, se realizara a puerta cerrada.
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Ahora el presidente del Perú entiende por qué la Casa Blanca le pedía tanto sigilo. A solicitud de la Comisión de la Verdad, organismo que investiga los atropellos a los Derechos Humanos durante el gobierno de Alberto Fujimori, el Departamento de Estado desclasificó una serie de documentos en los cuales Montesinos aparece no como un mero informador, sino como un agente de la CIA.
«Los propios muros de la Casa Blanca deben de haberse ruborizado al divulgarse que sus inquilinos se valían de los servicios de un traficante de droga», dice el diario «La República» en uno de sus editoriales. El hombre está siendo procesado por una infinidad de delitos, entre los que destacan el de asesinato con agravantes, tortura y apropiación indebida de fondos durante la época en que hacía el trabajo sucio para su jefe -¿o marioneta?- Fujimori.
• Espionaje
En virtud de los testimonios provenientes de Washington, a la montaña de cargos que se le imputan, se añadiría el de espionaje. De acuerdo con los documentos desclasificados, la CIA estableció contacto con Montesinos en 1973, cuando éste fue ascendido de teniente a capitán del ejército. Autorizado a acceder a información reservada por su cercanía al general Edgardo M. Jarrín -primer ministro del gobierno militar de entonces- y libre de todo escrúpulo, Montesinos era el hombre que los norteamericanos buscaban para conjurar cualquier amenaza a sus intereses regionales.
Según consignan los documentos del Departamento de Estado estadounidense, el agente peruano supo detectar el peligro que encarnaban Hugo Chávez y Evo Morales, antes de que se sospechara que el primero llegaría a ocupar el poder en Venezuela y el segundo a convertirse en el líder de los cocaleros, la segunda fuerza política de Bolivia.
De cualquier manera, Montesinos superó las expectativas que la CIA había puesto en su talento. En recompensa a sus servicios, en 1977 se lo invitó a una entrevista con altos cargos de la Agencia y del Departamento de Estado.
• Escuadrón de la muerte
La CIA llegó a defenderle frente a la DEA -agencia norteamericana antidroga- por su relación con los capos de la droga. Ya en 1992, bajo la férula de Alberto Fujimori, el incontestable Montesinos instruyó a uno de los escuadrones de la muerte del SIN, el grupo Colina, para eliminar a 17 civiles, sospechosos de colaborar con Sendero Luminoso.
El operativo se llevó a cabo utilizando dos camionetas Cherokee, adquiridas con dinero de la CIA. Fue entonces cuando el presidente Bill Clinton, escandalizado por los excesos que se venían produciendo en Perú, dio la orden de limpiar los establos de la agencia de espionaje y de deshacerse de Vladimiro Montesinos.
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