5 de abril 2002 - 00:00

¿Qué busca lograr Sharon con el cerco militar a Arafat?

El ruido de los tanques que entraron en Ramallah al amanecer del Viernes Santo retumbaba por todos lados como como un trueno. Yasser Arafat sabía que iban detrás de él. Atrincherado en un despacho de dos habitaciones sin ventanas, sólo pudo protestar cuando 100 vehículos acorazados, 60 tanques y 2.500 soldados israelíes rodearon su cuartel general y tomaron posiciones para un ataque con aires de venganza. Arafat llamó por teléfono a todos los diplomáticos que pudo pidiéndoles ayuda. Según manifestaron a "Time" fuentes que se encontraban dentro de su oficina, Arafat les advirtió que se produciría un enfrentamiento sangriento entre sus fuerzas y el ejército israelí, con la esperanza de que la comunidad internacional obligara a los israelíes a desistir. Llamó a la habitación del hotel de Jerusalén donde se alojaba Anthony Zinni, enviado especial estadounidense en la región y le pidió que se comunicara con sus superiores en el gobierno de Bush para impedir lo que estaba a punto de ocurrir. Es un ataque personal contra mí , dijo. Quieren librarse de mí .

Tenía razón. Fuentes del gobierno israelí declararon a "Time" que horas antes al asalto al complejo de Arafat en represalia por la matanza ocurrida durante la Pascua judía, en la que un terrorista suicida de Hamas mató a 21 israelíes y un turista en la ciudad costera de Netanya, el primer ministro Ariel Sharon informó a los miembros de su gabinete que quería enviar fuerzas a Ramallah para arrestar a Arafat y expulsarlo de los territorios palestinos. Deberíamos echar a Arafat fuera del país, dijo Sharon. Debemos impedir que se quede. Pero los altos cargos de las agencias de inteligencia y seguridad israelíes alegaron que liberar a Arafat del confinamiento de 4 meses en Ramallah que le había impuesto Israel y obligarle a salir al extranjero le animaría a conspirar abiertamente con grupos terroristas para organizar atentados contra Israel. Ministros del gabinete dijeron a "Time" que a las 5.30 de la mañana del viernes, Sharon cambió de estrategia: las fuerzas israelíes aislarían a Arafat en su cuartel general de Ramallah, destruirían los edificios colindantes y arrestarían o matarían a los subordinados de Arafat que se encontraran allí. A lo único que nos comprometimos, le comunicó a "Time" el ministro de Interior Uzi Landau, fue a no eliminarle.

Para los más duros del gobierno de Sharon, esta decisión fue un acto de constricción. Para gran parte del mundo, la ofensiva israelí, aunque se produjera tras meses de rabia acumulada por el terrorismo palestino y la incapacidad o la negativa de Arafat para detenerlo, fue un impresionante despliegue de agresión. También fue la escalada más peligrosa de una guerra que odian ambos bandos pero que les resulta imposible evitar.

Las patéticas imágenes de guerra sin cuartel en Cisjordania parecieron tener un impacto especialmente demodelor en Washington y en el rancho del presidente norteamericano en Crawford (Texas). Después de meses de permanecer al margen, el gobierno de Bush acababa de regresar de puntillas al ruedo negociador, en un intento por aplacar la resistencia árabe a una campaña militar norteamericana contra Irak. Fuentes árabes e israelíes manifestaron a "Time" que tanto Sharon como Arafat llamaron al secretario de Estado Colin Powell cuando Israel movilizó a sus fuerzas.

Antes de irrumpir en el complejo de Arafat, los israelíes gritaron por los altavoces a los que se encontraban dentro: "Entreguen las armas y salgan". Funcionarios israelíes dijeron a "Time" que el batallón Egoz, una unidad de élite, dirigió la incursión por cada habitación con el apoyo de francotiradores apostados en los tejados vecinos. Pasadas 24 horas, los israelíes habían arrestado a 150 palestinos -incluidos algunos hombres fugitivos más buscados-herido a 40 guardaespaldas de Arafat y matado a otros cinco. Con Arafat sólo quedaban consejeros y un puñado de guardaespaldas, porque siete horas antes de la invasión israelí Arafat había enviado a sus casas a sus principales colaboradores. Sin suministro eléctrico, Arafat tuvo que utilizar un generador de corriente. Los soldados israelíes dejaron sólo algunas habitaciones a Arafat. "Tendrá que pedirnos permiso hasta para ir al baño", dijo un oficial de inteligencia israelí a "Time", sin exagerar mucho el caso.

La invasión israelí se produjo horas después de que los 22 países árabes apoyaran una propuesta de paz del príncipe heredero de Arabia Saudita, Abdullah, que por primera vez en la historia, ofrecía a Israel la normalización de relaciones con los árabes a cambio de la retirada hebrea de todos los territorios ocupados durante la guerra de 1967 y el regreso de los refugiados palestinos a sus hogares en lo que ahora es territorio israelí. Pero cualquier acercamiento entre las dos partes que se pudiera producir tras el anuncio de la Liga Arabe quedó hecho trizas el Viernes Santo. En una reunión de siete horas para planificar la invasión de Ramallah, los miembros del gabinete israelí concordaron que la cumbre de Beirut era un paso hacia la aceptación de la legitimidad de Israel por los árabes, pero poco más. Los términos de la propuesta de Abdullah siguen siendo inaceptables para Israel. Además Sharon montó en cólera porque los líderes árabes no habían condenado el atentado de Pascua.

Diplomáticos árabes entrevistados por "Time" acusaron al primer ministro israelí de sabotear deliberadamente el gesto de paz árabe con su ataque a Arafat. En una entrevista con "Time", Abdullah calificó el ataque de Sharon contra Arafat como "una acción brutal, despreciable, salvaje inhumana y cruel" . Y continuó: "Las acciones que estamos presenciando son propias de un criminal con las manos manchadas de sangre" , y prometió que continuará la resistencia palestina contra la ocupación israelí.

¿Por qué Israel persigue a Arafat con tanto ensañamiento?


Entre los ciudadanos israelíes, cundía el clamor pidiendo represalias masivas por la matanza de la semana pasada en Netanya. En los últimos meses, el grado, la audacia y el nivel de destrucción de los atentados palestinos contra solados y civiles israelíes han ido en aumento. Sin embargo, el ataque del miércoles pasado superó en barbarie a todos los anteriores en los 18 meses desde el inicio de la Intifada. El terrorista de Hamas planeó el atentado para matar a los turistas del Hotel Park justo cuando se sentaban a la mesa para celebración gastronómica que conmemora la liberación de los judíos de la opresión del faraón. La mayoría de las víctimas eran ancianos israelíes. Los terroristas idearon la masacre de Pascua para mandar un mensaje: ningún israelí está a salvo dondequiera que se encuentre.

Cuando el gabinete de Sharon se reunió en una sesión de emergencia al día siguiente, los militantes golpearon de nuevo, matando a varios colonos en la ciudad cisjordana de Naplusa. Funcionarios israelíes dijeron a "Time" que los ministros del gabinete decidieron inmediatamente llevar a cabo una represalia militar y hablaron durante seis horas sobre la manera de castigar a Arafat. Los israelíes entienden que Arafat no puede controlar totalmente a Hamas, pero se quejan de que casi nunca lo intenta. No ha podido arrestar a cientos de militantes de Hamas y sus seguidores de la Yihad Islámica, a los que Israel ha identificado en las listas de terroristas entregadas a la Autoridad Palestina. Es más, según los israelíes, al glorificar a los terroristas como mártires, Arafat los anima y se pone de su parte. En cualquier caso, si un día Hamas mata israelíes, al día siguiente es la Brigada de los Mártires de Al-Aqsa, grupo surgido de la organización política cercana a Arafat Al Fatah, que ha superado a Hamas como el principal instigador de los atentados.

Los israelíes creen que Arafat ha mantenido un doble lenguaje durante sus conversaciones con Zinni sobre un alto el fuego. Los israelíes creen que han dado muestras de una contención admirable al no intentar expulsar o matar a Arafat. Tampoco dispararon un solo tiro hasta que concluyó la cumbre árabe, para no entorpecer la aprobación de la iniciativa saudita. Consejeros de Sharon dicen que el primer ministro se contuvo de expulsar a Arafat no sólo por el consejo de sus altos mandos militares sino porque siente que el gobierno de Bush no quiere que dé todavía un paso irrevocable. "Tenía a Washington en el fondo de sus pensamientos", dice un ayudante de Sharon.

¿Conseguirá la estrategia israelí frenar el terrorismo palestino?

Incluso el miembro más duro del gabinete israelí diría que, al menos en el futuro inmediato, la respuesta es negativa. Pero el asedio al cuartel general de Arafat fue sólo el primer paso en el plan del ejército israelí. Aunque los israelíes eligieron Ramallah principalmente por la presencia de Arafat, también creen que esta ciudad está plagada de terroristas. La semana pasada, funcionarios de inteligencia israelí dijeron que sus fuerzas estaban buscando a dos líderes importantes de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa. Dicen que Nasser Awwas, uno de los fundadores de la organización, ha pasado a la clandestinidad en Ramallah, junto con el líder de la Brigada y jefe de Fatah en Cisjordania Marwan Barghouti. Considerando que Arafat no quiere arrestar a los suyos, los israelíes planean hacer el trabajo por él.

Pero esta ofensiva podría tener el efecto contrario: aumentar la simpatía popular por Arafat, aumentar la sensación de asedio entre los palestinos y aumenten esfuerzos contra la ocupación enemiga. La semana pasada los grupos militantes palestinos se apresuraba a respaldar a Arafat y amenazaban a Israel con más violencia.

Para complicar las cosas, el grupo libanés chiíta Hezbollah, que ayudó a expulsar a las fuerzas israelíes del Líbano hace dos años, ha incrementado ostensiblemente su apoyo a la intifada en enero. Funcionarios
jordanos arrestaron a tres guerrilleros de Hizbollah sospechosos de intentar pasar armas a Cisjordania. Los israelíes afirman que el grupo fue responsable de una incursión en el norte de Israel que acabó con la vida de seis ciudadanos israelíes. En una entrevista con "Time" la semana pasada, Naim Qassem, segundo líder de Hizbollah, dijo: "Es nuestro deber estar del lado [palestino] y ofrecerles todo tipo de apoyo".

¿Someterá ahora Arafat a los militantes?

Este es probablemente el único punto en que israelíes y palestinos están de acuerdo: no lo hará. Pero ofrecen distintas explicaciones sobre el motivo. Miembros del gobierno de Sharon, gran parte del pueblo israelí y varios funcionarios del gobierno de Bush creen que Arafat puede enfrentarse a grupos como Hamas y la Yihad islámica. Pro prefiere no hacerlo, en parte porque teme que eso le restaría poder. Algunos israelíes exasperados acusan a Arafat de no enfrentarse a los terroristas palestinos porque, se beneficia de él de una forma perversa: las constantes oleadas de atentados han desmoralizado a capas de la sociedad israelí y provocado el aumento de la respuesta militar de Sharon, que deja a Israel como el agresor ante los ojos de casi todo el mundo.

Los palestinos alegan que la pasividad de Arafat está motivada por su falta de poder, no de voluntad, y la culpa la tienen los israelíes. A medida que se intensificaba el conflicto, las fuerzas de seguridad de Arafat han arrestado a docenas de militantes buscados por los israelíes. Pero los funcionarios palestinos, e incluso algunos israelíes, dicen que los cuatro meses que ha durado el sitio contra Arafat han inmovilizado al líder palestino, lo ha desconectados de sus lugartenientes y ha evitado que llevase a cabo más arrestos. Y ahora que los israelíes han diezmado toda su estructura de mando y comunicaciones, Arafat ha perdido la poca autoridad que conservaba. Este es el momento de la verdad, dice el asesor de Arafat Ed Abington, un ex diplomático estadounidense. Veremos si mejoran las cosas sin Arafat. Yo creo que no van a mejorar.

¿Tiene el gobierno de Bush la solución?

Los funcionarios árabes reunidos en Beirut la semana pasada dicen que si el gobierno norteamericano quiere seguir adelante con su guerra contra el terrorismo, será mejor que intervenga pronto, lo que en opinión de los árabes significa un aumento de la presión sobre Sharon. Diplomáticos de la región reaccionaron enfurecidos a la decisión israelí de lanzar un ataque sobre Arafat justo cuando se divulgó la noticia de la histórica oferta árabe de normalizar relaciones con Israel. El viernes, funcionarios de Marruecos en Arabia Saudita rogaron a la Casa Blanca que detuviera los tanques de Sharon. "La gente está indignada", dice un diplomático árabe. La percepción es que Estados Unidos si no les está dando luz verde, les da luz ámbar.

A pesar de estas advertencias, la semana pasada el gobierno estadounidense comenzó a dar marcha atrás tras un breve coqueteo con la idea de comprometerse con firmeza en el conflicto palestino-israelí. La negativa de Washington a hablar en contra de las operaciones de Sharon indica que los duros como Cheney, que en el pasado afirmó que EE.UU. debería dejar a Sharon ocuparse del problema terrorista de Israel, han recuperado el control sobre la política norteamericana sobre Oriente Medio. La espiral de violencia de la semana pasada fue particularmente embarazosa para Cheney, un reticente negociador de paz, que de todas formas se metió en faena, primero ofreciéndose para reunirse con Arafat si el líder palestino accedía a unas cuantas condiciones, y luego pidiéndole en privado a Sharon que permitiera viajar al líder palestino a Beirut. Cheney fue rechazado por ambos. El trabajo sucio recayó en Powell, quien pasó casi toda la semana pasada recibiendo llamadas del búnker de Arafat y tranquilizando a los líderes árabes y europeos indignados por las acciones de Israel.

Funcionarios norteamericanos dicen que no se han rendido: Zinni sigue en la región, todavía intentando negociar un alto el fuego. Aparte de eso, la idea dominante en EE.UU. es esperar el resultado del conflicto, dando por sentado que los dos bandos al continuar con los enfrentamientos sangrientos, se encontrarán en un callejón sin salida antes de que EE.UU. intervenga de nuevo. Pero en los últimos 18 meses, ni los israelíes ni los palestinos han dado indicios de ceder el terreno, y esto ha dejado a Estados Unidos como espectador de un conflicto que escapa de todo control y es incapaz de evitarlo. "¿Qué otra cosa podemos hacer?", pregunta un funcionario de la Casa Blanca. "¿Qué otro rumbo puede tomar el presidente?". Si las cosas empeoran, como todo parece indicar que ocurrirá, Bush se verá obligado a encontrar respuesta a esa pregunta.

Informes de Massimo Calabresi, James Carney y John F. Dickerson/Washington, Jamil Hamad/Belén, Scott MacLeod/Beirut, Amany Radwan/Cairo y Matt Rees y Aharon Klein/Jerusalén.

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