24 de julio 2007 - 00:00

¿Quién se adueña de la bomba si cae Musharraf?

El Centro de Estudios Estratégicos de Londres -IISS por su sigla en inglés- es reconocido como uno de los think tanks de análisis estratégico y de seguridad internacional de mayor prestigio en Occidente.

Dirigido desde hace más de una década por el canadiense John Chipman, ha logrado mantener la capacidad de vincular lo académico con lo práctico, al centrar sus análisis, estudios e investigaciones en los temas más candentes de su especialidad.

Realiza conferencias periódicas, como la Tercera Conferencia Regional de los países del Golfo, que tuvo lugar en diciembre de 2006 en Manama (Bahrein). En las deliberaciones se discutió una agenda que sintetiza muy bien las amenazas de seguridad en la región más conflictiva del mundo: 1) los problemas de Irak, 2) los temores frente al programa nuclear de Irán, 3) la disputa entre Israel y Palestina, 4) la inestabilidad del Líbano, 5) la amenaza del terrorismo fundamentalista, 6) las divisiones sectarias y 7) los desafíos de Afganistán.

La enumeración en este orden no muestra prioridad, sino más bien urgencia.

Sobre Irak, el último estudio: «La escalada iraquí ingresa en el caos», anticipaba hace pocos meses lo que los mandos norteamericanos comienzan a reconocer ahora, después de que el refuerzo de tropas dispuesto e implementado por George Bush no da el resultado buscado. Este estudio informaba que la insurgencia activa contaba en el país con entre 20.000 y 30.000 miembros, incluyendo 1.000 de Al-Qaeda. El conjunto de esta fuerza tiene una red de soporte entre los sunitas de entre 80.000 y 100.000 personas. Por otro lado, se suman a la insurgencia las milicias chiitas, integradas por el llamado Ejército del Mahdi, con 30.000 miembros, y otros 10.000 de la milicia Badr. Esto da entre 60.000 y 70.000 insurgentes activos, con una red de apoyo algo mayor.

  • Infiltración

    Frente a ellos se alinean los 320.000 soldados y policías iraquíes -profundamente infiltrados por las milicias chiitas-, 148.000 hombres de las fuerzas armadas norteamericanas y 16.000 no estadounidenses, entre los cuales hay 7.000 británicos. Es decir, casi medio millón de hombres, pero con muy baja calidad operativa en el caso de los iraquíes, que representan dos tercios del número.

    El seminario sobre Afganistán que acaba de realizar, cuyas conclusiones fueron presentadas hace menos de dos meses, ya advertía sobre las crecientes dificultades en dicho país.

    Se plantearon con claridad los problemas que implica el tráfico de drogas que financia a los talibanes; la debilidad del gobierno afgano que permite el reclutamiento talibán; las dificultades para organizar un ejército afgano efectivo; los conflictos entre los líderes locales y el gobierno de Kabul; y la necesidad de establecer una coordinación efectiva entre las estrategias contra las drogas y la insurgencia, que muchas veces chocan entre sí.

    Pero quizás el estudio más trascendente en este momento sea el que se presentó meses atrás en Londres: «El mercado negro nuclear. Pakistán, A.Q. Khan y el riesgo de la proliferación de las redes internacionales». Este toma como punto de partida el arresto del científico Abdul Qadeer Khan en 2004, cerebro del plan nuclear paquistaní que confesó la existencia de una red mundial para construir armas nucleares fuera del control de los Estados, que lleva casi dos décadas de existencia y que ha provisto de esta tecnología a países como Irán, Corea del Norte y Libia, entre otros.

  • Publicación

    La presentación de este análisis coincide con la reciente aparición en el mundo anglosajón del libro «El bazar atómico» de William Langewiesche. Si bien la crítica ha señalado que es imperfecto, ha sido elogiado por su tesis central, que afirma que los Estados con armas nucleares en los hechos no pueden usarlas, mientras que la proliferación va haciendo cada vez más que lo nuclear pase a ser la ventaja de los pobres, ya sean países como Corea del Norte o actores no estatales, como el terrorismo fundamentalista, que sí pueden tomar el riesgo de usarlas.

    Sin embargo, la cuestión es que la inestabilidad que está sufriendo Pakistán plantea el riesgo de que el único país musulmán que tiene la bomba nuclear pueda entrar en una crisis de gobernabilidad. Allí, por un lado, el ejército y las milicias tribales combaten con los talibanes en la frontera con Afganistán, y por otro lado, crece en las calles de las grandes ciudades la oposición de la sociedad civil al régimen de facto del general Pervez Musharraf -aliado de Washington en la lucha contra el terrorismo-, a la vez que el terrorismo fundamentalista realiza cada día más atentados suicidas, causando centenares de muertos. En 2001, inmediatamente después del atentado del 11 de setiembre, Afganistán se constituyó en el gran tema por el apoyo del régimen talibán a Al-Qaeda. En 2003, pasó a serlo Irak debido a su supuesto esfuerzo para hacerse de armas de destrucción masiva. En 2005, Irán comenzó a ser la amenaza mayor, por su proyecto nuclear y, analizando los estudios del IISS, tengo la impresión de que en el segundo semestre de 2007, pasará a serlo Pakistán.
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