¿Quién se adueña de la bomba si cae Musharraf?
-
Los hutíes anunciaron una ofensiva coordinada con Irán y Hezbolá contra blancos estratégicos de Israel
-
El llamado del Papa León XIV en Semana Santa contra la guerra: "No dejemos que nos paralicen"
Frente a ellos se alinean los 320.000 soldados y policías iraquíes -profundamente infiltrados por las milicias chiitas-, 148.000 hombres de las fuerzas armadas norteamericanas y 16.000 no estadounidenses, entre los cuales hay 7.000 británicos. Es decir, casi medio millón de hombres, pero con muy baja calidad operativa en el caso de los iraquíes, que representan dos tercios del número.
El seminario sobre Afganistán que acaba de realizar, cuyas conclusiones fueron presentadas hace menos de dos meses, ya advertía sobre las crecientes dificultades en dicho país.
Se plantearon con claridad los problemas que implica el tráfico de drogas que financia a los talibanes; la debilidad del gobierno afgano que permite el reclutamiento talibán; las dificultades para organizar un ejército afgano efectivo; los conflictos entre los líderes locales y el gobierno de Kabul; y la necesidad de establecer una coordinación efectiva entre las estrategias contra las drogas y la insurgencia, que muchas veces chocan entre sí.
Pero quizás el estudio más trascendente en este momento sea el que se presentó meses atrás en Londres: «El mercado negro nuclear. Pakistán, A.Q. Khan y el riesgo de la proliferación de las redes internacionales». Este toma como punto de partida el arresto del científico Abdul Qadeer Khan en 2004, cerebro del plan nuclear paquistaní que confesó la existencia de una red mundial para construir armas nucleares fuera del control de los Estados, que lleva casi dos décadas de existencia y que ha provisto de esta tecnología a países como Irán, Corea del Norte y Libia, entre otros.
La presentación de este análisis coincide con la reciente aparición en el mundo anglosajón del libro «El bazar atómico» de William Langewiesche. Si bien la crítica ha señalado que es imperfecto, ha sido elogiado por su tesis central, que afirma que los Estados con armas nucleares en los hechos no pueden usarlas, mientras que la proliferación va haciendo cada vez más que lo nuclear pase a ser la ventaja de los pobres, ya sean países como Corea del Norte o actores no estatales, como el terrorismo fundamentalista, que sí pueden tomar el riesgo de usarlas.
Sin embargo, la cuestión es que la inestabilidad que está sufriendo Pakistán plantea el riesgo de que el único país musulmán que tiene la bomba nuclear pueda entrar en una crisis de gobernabilidad. Allí, por un lado, el ejército y las milicias tribales combaten con los talibanes en la frontera con Afganistán, y por otro lado, crece en las calles de las grandes ciudades la oposición de la sociedad civil al régimen de facto del general Pervez Musharraf -aliado de Washington en la lucha contra el terrorismo-, a la vez que el terrorismo fundamentalista realiza cada día más atentados suicidas, causando centenares de muertos. En 2001, inmediatamente después del atentado del 11 de setiembre, Afganistán se constituyó en el gran tema por el apoyo del régimen talibán a Al-Qaeda. En 2003, pasó a serlo Irak debido a su supuesto esfuerzo para hacerse de armas de destrucción masiva. En 2005, Irán comenzó a ser la amenaza mayor, por su proyecto nuclear y, analizando los estudios del IISS, tengo la impresión de que en el segundo semestre de 2007, pasará a serlo Pakistán.




Dejá tu comentario