Madrid (AFP) - Las bombas de los trenes de la muerte que segaron la vida a 190 personas y causaron heridas a 1.500 el 11 de marzo en Madrid fueron montadas la tarde anterior en una casa que la policía descubrió en la localidad Morata de Tajuña, cercana a la capital española.
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La policía ha hallado pruebas materiales de que el comando activó en esa misma localidad las tarjetas de los teléfonos móviles utilizados como temporizadores y preparó las bombas en las mochilas, señaló el diario «El País». Pero los islamistas cometieron un error: se olvidaron de activar una de las tarjetas, lo que hizo que una de las mochilas bomba no estallara, permitiendo su desactivación. Esta mochila ha sido la clave en la investigación policial que ha llevado a la detención de veinte personas, de las que dos son consideradas por la policía como los autores de la masacre madrileña.
La policía comprobó que 14 tarjetas, de las cien compradas quince días antes a los dos ciudadanos de origen indio detenidos, fueron activadas en un punto situado entre las localidades madrileñas de Morata de Tajuña, Chinchón y Titulcia. Tardó una semana en encontrar la casa y pasó otra vigilando sus movimientos, asegura el diario.
Esos teléfonos fueron manipulados, según la policía, en el locutorio que regentaba en Madrid otro de los detenidos, el marroquí Jamal Zugam, al que consideran como uno de los autores de la masacre.
En la casa se han encontrado restos de Goma 2 Eco, usada en los atentados, y detonadores reventados o quemados. Los investigadores sospechan que los terroristas transportaron los explosivos desde Asturias (norte), facilitados por otro de los detenidos, el español José Emilio Suárez Trashorras, en un coche robado en la última semana de febrero.
La tarde anterior al 11 de marzo terminaron los artefactos y activaron los teléfonos con la primera llamada, aseguran fuentes cercanas a la investigación. Después las introdujeron en bolsas de lona y las transportaron hasta Alcalá de Henares, a 30 km de distancia, para depositarlas en los trenes y sembrar la destrucción.
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