19 de marzo 2007 - 00:00

Retiro no frenaría la desintegración

Una mujer levanta sus manos al toparsecon un soldado de EE.UU. en un suburbiodel sur de Bagdad. Según expertos,la violencia en el país árabe estáalimentada por varias guerras civilesparalelas.
Una mujer levanta sus manos al toparse con un soldado de EE.UU. en un suburbio del sur de Bagdad. Según expertos, la violencia en el país árabe está alimentada por varias guerras civiles paralelas.
Bagdad - Irak, Estado fallido. Desde que en 2003 fue derrocado el régimen de Saddam Hussein, el Estado vive un auténtico colapso. Más allá de experimentar un clima de guerra civil, lo que ocurre en este país es consecuencia del hundimiento de las instituciones. Su situación es muy similar a la que se vivía en Liberia en 1992 o a la que se enfrenta Somalia desde 1991, e incluso Afganistán desde la caída de los talibanes. Irak es un Estado frágil.

Como recordaba James J. Hentz -que dirige el Departamento de Estudios Internacionales del Instituto Militar de Virginia-en una reciente carta al diario «Financial Times», «Un Estado en colapso es el que ha perdido sus prerrogativas de soberanía: ya no provee de servicios básicos a sus ciudadanos, no controla su territorio y no posee el monopolio sobre el legítimo uso de la fuerza». Y añade: «Capturar o controlar la capital no es suficiente». En el caso de Bagdad, ni siquiera eso es así: el gobierno y las tropas estadounidenses no están seguros fuera de la Zona Verde.

El conflicto iraquí contiene varios conflictos a la vez. Señalaba el columnista de «The New York Times», Thomas Friedman que «Irak está tan roto que ni siquiera puede tener una guerra civil de verdad». Hay una guerra entre las tropas de EE.UU. y la insurgencia iraquí. Otra, entre sunnitas y chiitas. Una más en el seno de las facciones chiitas. Otra, entre pequeñas milicias por el control de determinados barrios de Bagdad y demás ciudades. Una más entre las facciones sunnitas de Irak y las células controladas por Al-Qaeda. Todas ellas son guerras asimétricas, en las que la desigualdad entre los contendientes es muy acusada.

  • Criminalidad

  • Y a todo esto se añade una altísima criminalidad: secuestros, asesinatos, escuadrones de la muerte... Por eso, concluye Hentz, definir lo que ocurre en Irak como «guerra civil» es incorrecto y, en alusión a la nueva estrategia de Bush para el país árabe, «de enviar 20.000 soldados más para intentar arreglar un Estado fallido, no funcionará.

    El «think-tank» International Crisis Group estimaba en su informe «Qué hacer en Irak» después del de Baker-Hamilton que el Estado iraquí, «fatalmente debilitado y hundido, está en manos de las milicias armadas, las fuerzas sectarias y la clase política que, poniendo su beneficio personal en el corto plazo por encima de los intereses nacionales a largo plazo, son cómplices de la trágica destrucción de Irak». Según este texto, los líderes políticos se están convirtiendo gradualmente en señores de la guerra.

    Por ahora, no existe ninguna posibilidad para Irak de reconstruir sus estructuras estatales. Las fórmulas creadas por los tecnócratas estadounidenses se basan en cotas confesionales y étnicas, lo cual ha destruido la identidad nacional iraquí. Para Awni Kalamji, portavoz del Frente Patriótico Iraquí y miembro del mando unificado de la reiraquí, «la actual Constitución no puede ser el verdadero germen del Estado iraquí. Este tiene que construirse en base de los principios de ciudadanía e igualdad entre ciudadanos».

  • Posibilidad

    Aunque eso es lo que pretende la insurgencia, no está claro que la situación de Irak mejore con una retirada estadounidense, dado el arraigo de la inseguridad. Según el análisis de Kalamji, lo que sí puede ocurrir en el corto plazo es que «la resistencia termine controlando determinadas áreas e imponiendo su autoridad en ellas».

    Así, se crearían pequeñas bolsas de territorios, diferenciados de la autoridad central, lo que acentuaría más la fragmentación y la fragilidad de Irak como país. La propia Bagdad podría quedar dividida entre barrios controlados por el gobierno y el ejército de EE.UU., especialmente la fortificada Zona Verde, y áreas bajo la autoridad de los grupos insurgentes.

    «Esas zonas liberadas por la resistencia tendrán estructuras de gobierno e instituciones propias que luego se extenderán al resto del territorio cuando las tropas extranjeras se retiren», precisa Kalamji.

    Cuando se produzca, una retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak tiene que servir para replantear todo el erróneo sistema político que se ha construido bajo su sombra. Y esto traerá nuevos enfrentamientos. Irak necesitará líderes políticos capaces de acometer decisiones constructivas, establecer un sistema de Estado que asegure el reparto del poder y de la riqueza del petróleo e incorporar a los antiguos funcionarios -suavizando las leyes de desbaazificación-para arropar con su experiencia a un Estado sin rumbo.
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