12 de mayo 2003 - 00:00

Rumores de todo tipo arrecian en Bagdad

Bagdad - El más persistente y venenoso de los rumores es el de los prismáticos de visión nocturna. Bastantes iraquíes siguen convencidos de que los soldados norteamericanos tienen anteojos que permiten ver a través de la ropa y que dedican la mitad del tiempo que pasan encaramados en los blindados a observar en cueros a sus mujeres.

En algunos barrios populares, como el antiguo Saddam City, hay miles de maridos que prohibieron a sus esposas e hijas salir de casa y las mantienen en habitaciones interiores y tapadas con siete velos. Escucharon que los marines usaban visores de infrarrojos para detectar los movimientos de los soldados de la Guardia Republicana en plena noche, y creen que no hay razón alguna para que ahora no empleen esos artilugios en regodearse con la piel desnuda de sus parientes femeninos. Otro de los chismes es que escasean las medicinas porque las tropas invasoras se quedan con ellas. Lo mismo ocurre con la nafta, y cada vez más el vulgo repite que los norteamericanos vinieron a quedarse con los pozos de petróleo.

Transcurrido casi un mes del derrocamiento de Saddam Hussein, los aliados todavía no han sido capaces de poner en marcha una emisora de televisión que les permita hacer llegar sus mensajes al conjunto de la población.
Tras 24 años de brutal censura, los ciudadanos se han lanzado a comprar antenas parabólicas y descodificadores para ver y escuchar todo lo que les prohibía el régimen.

El ex general Jay Garner, enviado personal del presidente Bush, ha reconocido que su departamento ha realizado un trabajo «extremadamente pobre» a la hora de comunicar sus logros. Es un misterio que, en medio del caos, se revaloricen unos billetes (50% desde la caída de Saddam) que llevan impreso el rostro del dictador y pueden desaparecer de la circulación en cualquier momento. Y la explicación que le ha buscado la gente es tan simple como fantasiosa:

Saddam, desde su escondite secreto, está inundando el mercado con dólares y éstos bajan de valor porque hay exceso de oferta.

No hay la mínima prueba de que el dictador o sus hijos sigan maniobrando desde la sombra, pero la idea está muy extendida y contribuye a ella la certeza de que la familia Hussein cuenta con una inmensa fortuna para comprar voluntades, alquilar servicios y corromper diletantes.

La revista «Forbes» publicó que Saddam cuenta en el extranjero con 2.000 millones de dólares, el Departamento de Estado habla de 7.000 millones y los antiguos opositores iraquíes insisten en que el tirano tenía más de 10.000 millones en 1991 y que, desde entonces, a fuerza de chantajes, sobornos y de engañar a la ONU, duplicó sus ahorros.

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