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Christopher Story es asesor de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher y editor de «The International Currency Review», una prestigiosa publicación especializada en Banca y Finanzas. Mediante sus contactos en estas instituciones, afirma Story, ha reunido «las conexiones financieras, potencialmente explosivas en pleno año electoral estadounidense, entre el líder iraquí y el hermano y el padre del presidente George W. Bush (Neil Bush y el ex presidente George H. W. Bush, respectivamente)».
La relación de Saddam con Rowland se inició con el asombroso robo de la fortuna personal del sha de Irán, Reza Pahlevi, calculada en unos 3.000 millones de dólares.
Aconsejado por Rowland, Pahlevi accedió a transferir su fortuna al Banco Central Iraquí de Bagdad, fuera del alcance de los ayatolás. Rowland recibió una «comisión por gestión» de 1,5%. En un segundo acuerdo que estableció los cimientos de la fortuna de Saddam, el tirano iraquí, con menos de un año en el poder, transfirió el dinero del sha depositado en el Banco Central de Irak a sus cuentas numeradas en el Crédit Suisse de Suiza y a un banco en la Isla Cayman. Rowland, tras ocuparse de ello, se embolsó otra «comisión por gestión».
Una serie de 120 documentos que relatan la supuesta vinculación de Saddam con Bush padre y Neil Bush le acabaron siendo entregados a Christopher Story, el fundador del International Currency Review.
«Los documentos dan pie a preguntas muy serias. Fueron hallados en posesión de Barzan al-Takritti, el hermanastro y gestor personal de las finanzas de Saddam. No puedo revelar cómo llegaron al despacho del señor Redmond», asegura Story.
En un documento que me facilitó se enumeran una serie de bancos que supuestamente realizaron transacciones «bajo la supervisión de la Casa Blanca de Bush padre».
Entre los bancos citados se encuentran Coutts & Co., el Morgan Guaranty Trust y el Chase Manhattan Bank, de Nueva York, el Banco Exterior de España y el First International Bank de Denver. «Todos los bancos se han negado a responder a mis preguntas».
«Durante meses hemos considerado cuidadosamente la posibilidad de que se trataran de falsificaciones», afirma Story. «Consultamos a expertos y preguntamos a nuestras fuentes bancarias sobre la posibilidad de que estos documentos fueran un fraude. El resultado dejó sin lugar a dudas que los documentos eran genuinos.» A fines del año pasado, Redmond renunció tras una reunión en la Casa Blanca con el vicepresidente, Dick Cheney, y el fiscal general, John Ashcroft. Sus respectivas oficinas se negaron a comentar la reunión, salvo para decir que fue de carácter «privado».
Desde su residencia en un elegante suburbio de Washington, Redmond se negó a responder cualquier pregunta, incluyendo las relativas a «los problemas de salud» con los que justificó su dimisión. Resulta irónico que Tiny Rowland, fallecido en 1998, utilizara un motivo similar para explicar sus frecuentes viajes a Irak. «El aire del desierto es bueno para mi salud», solía decir a sus colaboradores.
Otro documento demuestra cómo Rowland utilizó uno de sus bancos londinenses para facilitar al traficante de armas iraquí Ibsan Barbouti poder colocar 500 millones de dólares del dinero de Saddam. Desde Londres, el dinero se transfirió al Banco Central de Libia. En otro documento de la inteligencia británica se detalla cómo Uday Hussein, el hijo de Saddam, viajó en 1998 a Ginebra para «resolver algunos problemas financieros» con los bancos suizos.




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