Es conocido que Lula da Silva ha vencido numerosos prejuicios ideológicos, tanto propios -los de su pasado como líder sindical y de izquierda-como ajenos los de su partido-. Lo hizo en lo económico, empujando a Brasil hacia la modernidad con una política amigable para las empresas y las inversiones. Y lo hace ahora en seguridad, prometiendo el envío de fuerzas militares a Rio de Janeiro, estado que en los últimos meses ha vivido una explosión de violencia excesiva incluso para sus amplios parámetros. Lula debió vencer la resistencia de su propio gabinete e, incluso, desautorizar a su ministro de Justicia. Hoy se reunirá con ese fin con el nuevo gobernador del estado, quien afirmó que no pasará sus cuatro años de mandato asistiendo, impotente, a funerales. Brasil, cada vez más lejos de sus vecinos.
Rio de Janeiro (EFE, ANSA) - El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, aseguró ayer que el gobierno analizará una posible petición para que las Fuerzas Armadas refuercen la seguridad en el convulsionado estado de Rio de Janeiro.
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«Si el gobernador de Rio de Janeiro lo solicita, con el mayor cariño vamos a trabajar para atenderlo», afirmó el jefe de Estado en declaraciones que concedió el lunes a la noche y reproducidas ayer por la estatal «Agencia Brasil».
Lula respondió de esa forma a una petición hecha en la víspera por el gobernador de Rio, Sergio Cabral, para que las Fuerzas Armadas ayuden a la policía a controlar el orden público en la ciudad más emblemática de Brasil, afectada en los últimos meses por un agudo aumento de la criminalidad. La medida ya fue tomada en anteriores momentos de crisis de seguridad.
El gobernador, al participar en el funeral de uno de sus escoltas asesinado por asaltantes, dijo que no pretende pasar los cuatro años de su gestión asistiendo a entierros de policías o de inocentes acribillados por el crimen organizado.
Además, aseguró que aprovechará la reunión que tendrá hoy con el jefe de Estado para solicitarle que miembros del Ejército refuercen la seguridad en Rio de Janeiro.
«Las Fuerzas Armadas y la Fuerza Nacional de Seguridad estarán a su disposición», aseguró Lula. «Pero para que podamos hacer que las Fuerzas Armadas actúen en Rio de Janeiro, es necesario que haya una petición oficial del gobernador», agregó el gobernante.
Lula desautorizó de esa forma a su ministro de Justicia, Tarso Genro, quien había dicho poco antes que las FF.AA. no pueden ser utilizadas para garantizar el orden público en las ciudades. «Las Fuerzas Armadas sólo deben ser usadas en casos excepcionales y son entrenadas para otro tipo de acción. No hay cómo adecuarlas para que actúen como policías», había dicho Genro al asegurar que la petición de Cabral difícilmente sería atendida.
«Todo lo que podamos hacer para ayudar a los estados vamos a hacerlo. Llegamos a un momento en que no podemos quedarnos buscando culpables y en que tenemos que asumir los problemas. Hay una violencia y todos debemos ocuparnos de eso, desde el alcalde hasta el presidente de la república», replicó Lula.
En Rio de Janeiro, que este año será sede de los Juegos Panamericanos, ya actúan miembros de la Fuerza Nacional de Seguridad, un cuerpo elite de policías cuya presencia en el estado fue solicitada por Cabral ante una ola de ataques terroristas atribuidos a bandas de narcotraficantes y que conmocionó la ciudad a finales del año pasado.
Pero ese refuerzo no fue suficiente para frenar la violencia y, según cifras oficiales, en el primer bimestre del año ya han sido registrados 1.000 asesinatos en el estado. Esa estadística triplica el total de crímenes ocurridos en 2006 en la Argentina. Solamente en enero, la tasa de homicidios registrados se elevó en 9%, la de robos a peatones en 24,8% y la de asaltos a colectivos en 10,4%.
La ola de violencia generó una fuerte adhesión a la idea de instaurar la pena de muerte. Según una encuesta de «Folha de Sao Paulo», 55% de los brasileños está a favor de que se sancione una ley que autorice ese castigo.
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