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A esas medidas de seguridad obedece la orden que tienen los 1.500 militares afectados a éste que es el operativo de seguridad más grande de la historia suiza de disparar con misiles tierra-aire a cualquier avión o helicóptero que sobrevuele en el radio de los 80 km. Alrededor de la villa de Davos, y es lo que privó a Duhalde del Sierra Victor (es la clave de seguridad que siempre ha usado el Presidente para que sus culatas lo identifiquen cuando lo tienen que atender; la sigla es una clave que traduce la palabra San Vicente, Sierra Victor, un hallazgo del ingenio bonaerense).
Esos deportistas prefieren permanecer en Davos estos días porque saben que con tanta seguridad vienen menos esquiadores por el día, con lo cual tienen a su disposición más comodidades para ellos solos (comidas, medios de elevación, pistas con menos gente, etc.) A esos esquiadores se suma un segmento de turistas cholulos a quienes les gusta pasearse por la villa sabiendo que bajo el mismo cielo están Bill Gates, Bill Clinton, Colin Powell, los presidentes de la Boeing Philip Condit, de la Cola-Cola Douglas Daft, etcétera. Cuidar a tanta gente es lo que cuesta cerca de u$s 1,5 millón nada más que los cinco días, algo que todos los años se discute quién lo paga.
Esta vez el estado federal suizo corre con casi 85% de ese gasto; el resto lo paga la organización del World Economic Forum, que le cobra a cada empresa que quiere venir oficialmente unos u$s 24 mil y a los individuos que se anotan para participar de los coloquios algo menos de la mitad. El año pasado este foro migró a Nueva York con el argumento de la solidaridad tras los atentados de las Torres Gemelas y se hizo en el Waldorf Astoria Hotel. A ese motivo solidario se sumó la negativa del Concejo Deliberante de Davos a poner dinero para la seguridad.
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