5 de agosto 2003 - 00:00

"Si Saddam se quiere resistir, lo mataremos"

Bagdad - Tiene 51 años, cuatro hijos y aspecto de maestro de escuela, pero es el hombre que manda a todas las tropas desplegadas en Irak. El general Ricardo Sánchez engaña a simple vista. Nunca levanta la voz y sonríe con facilidad, pero tras ese aire suave y detrás de su físico enteco se oculta su alma de acero. Fue él quien dio orden de proceder sin piedad contra Uday y Qussay, cuando los hijos de Saddam abrieron fuego sobre los soldados que los conminaban a rendirse, y no oculta que tampoco vacilará el día en que sus hombres localicen al dictador iraquí.

Periodista:
Mirando las cosas como comandante en jefe, ¿qué errores han cometido en los cuatro meses transcurridos desde que entraron en Bagdad?

Ricardo Sánchez: Quizá no haber tenido suficientemente en cuenta la cultura de los iraquíes. Somos conscientes de que, si seguimos siendo muy agresivos, podemos perder el apoyo de la gente. Un error que cometemos a menudo los norteamericanos es el de entrar en tromba con nuestros valores y tradiciones. Estamos tratando de corregir eso.


P.:
Y disolver las fuerzas armadas iraquíes y dejar en la calle, sin oficio ni beneficio, a medio millón de hombres expertos en manejar armas ¿no ha sido un error?

R.S.: Pero..., ¿quién los disolvió? Cuando entramos en Bagdad no había ejército, las unidades habían desaparecido y los militares se habían marchado a sus casas. Todavía hay algunas unidades que siguen operando contra nosotros y que son la fuente de las escaramuzas y emboscadas que montan los Fedayin de Saddam.


P.:
¿Quiere eso decir la resistencia armada posee una estructura y un mando centralizado?

R.S.: No tenemos constancia de que eso sea cierto a nivel nacional, pero sí a nivel local y regional.


P.:
Raro es el día en que no sufren una baja y, a veces, da la impresión de que los ataques son cada vez más intensos y sofisticados.

R.S.: No es así. No quiero echar las campanas al vuelo, pero se ha producido un significativo descenso de los ataques. Hasta hace dos semanas, había 15 cada día. Ahora son siete u ocho.


•Sin frustraciones

P.: ¿No le frustra que en esa batalla no aparezcan las armas de destrucción masiva?

R.S.: No. Las armas de destrucción masiva fueron una de las razones de esta guerra, pero no estoy frustrado porque no hayan aparecido todavía. Aparecerán. Quizá Saddam no tenía las armas ya construidas, pero contaba con los programas y con los planes para hacerlas.


P.:
¿Se ha planteado la posibilidad de capturar vivo a Saddam Hussein?

R.S.: Sí.


P.: Si actúan con él como hicieron con sus hijos, no parece probable lo capturen vivo.

R.: A Uday y a Qussay se les dio la oportunidad de rendirse, pero dispararon contra nosotros cuando íbamos a entrar.


P.:
Podían haber rodeado la casa y haber esperado a que se agotasen.

R.S.: Seguro, pero la misión del comandante era capturarlos o matarlos. Y actuó en consecuencia. Con Saddam será la misma cosa. Si lo tenemos en un edificio, le daremos la oportunidad de que se rinda y si no...


P.:
¿No merece la pena arriesgar la vida de algunos de sus hombres para atrapar vivo a un personaje tan relevante?

R.S.: No. Si Saddam se resiste, lo vamos a matar.

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