Sistema inmerso en grave crisis
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Así, el 22 de junio último, el mandatario reconoció que la crisis de la aviación civil había llegado a «un momento de extrema gravedad» y ordenó la suspensión de los controladores aéreos que venían participando en las huelgas. El anuncio fue hecho por un fortalecido comandante de la Fuerza Aérea, Juniti Saito, tras una reunión con Lula da Silva.
Saito también admitió entonces que la crisis era de «extrema gravedad» y atribuyó los inconvenientes «al comportamiento repetitivo de algunos controladores», que «ha traído nuevos y preocupantes problemas para la actividad aérea en el país».
Según el jefe militar, «de forma intransigente, un pequeño grupo de sargentos controladores se ha rehusado a trabajar con los equipos disponibles para las actividades de control», lo que consideró que «es inaceptable, porque viola el derecho de las personas a ir y venir y causa un enorme sufrimiento a la sociedad».
Saito explicó que Lula ha determinado que los controladores que se han rebelado sean apartados de sus cargos y que se los sancione según establecen las leyes.
Aunque muchos de los controladores son civiles, la actividad de control aéreo en Brasil está militarizada, estatus que los propios funcionarios exigían que fuera revisado, sobre todo porque limita sus salarios a lo que gana un sargento de la Fuerza Aérea.
En virtud de la orden presidencial, el presidente y el vicepresidente del sindicato de los controladores fueron arrestados debido a que habían brindado declaraciones a la prensa sin autorización de sus superiores.




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