Después de seis horas de intensas deliberaciones, los presidentes de la Unión de Naciones Sudamericanas respaldaron anoche al gobierno constitucional de Bolivia y alertaron contra cualquier intento de golpe de Estado o de escisión del país. El comunicado aprobado reflejó la postura de los más duros de la región: condenó con fuerza las acciones de los grupos autonomistas más radicales, a los que conminó a modificar su actitud, y no avanzó en iniciativas de mediación, que habrían supuesto un reconocimiento implícito de la legitimidad de sus planteos.
Evo Morales asistió al encuentro seguro de recibir un fuerte espaldarazo de sus colegas regionales.
Santiago - La cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) brindó anoche un fuerte respaldo a la democracia de Bolivia y al presidente Evo Morales. El comunicado, leído al cierre de esta edición ante los periodistas por la anfitriona del encuentro, la mandataria chilena Michelle Bachelet, reflejó la imposición del ala más dura de los mandatarios regionales, ya que hizo suyas las denuncias de La Paz sobre un intento de golpe y de escisión del país y condenó en duros términos a los elementos más radicales de la oposición autonomista.
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Después de más de seis horas de deliberaciones, durante las que sólo se sirvió café, los nueve jefes de Estado presentes en la capital chilena adoptaron por unanimidad la « Declaración de La Moneda», que expresó su «pleno y decidido respaldo al gobierno constitucional» de Morales, quien -recordó- «fue ratificado por una amplia mayoría» en el referendo revocatorio del pasado 10 de agosto.
Los gobiernos sudamericanos rechazaron « enérgicamente» y aseguraron que «no reconocerán un golpe civil o una ruptura del orden institucional que comprometa la unidad territorial de Bolivia», añadió el texto de nueve puntos.
«Masacre»
En relación con los hechos de violencia de la semana pasada en el departamento boliviano de Pando, el bloque habló de «masacre» y, en atención a un pedido del gobierno boliviano y a una propuesta de Cristina de Kirchner, anunció el envío a esa región de una comisión investigadora.
UNASUR también se plegó a los pedidos de Morales al condicionar cualquier iniciativa de diálogo con la oposición regional boliviana al cese de las ocupaciones de instalaciones gubernamentales emprendidas la semana pasada.
Así, la declaración no avanzó,como pretendía Bachelet, en el envío de una misión mediadora -lo que habría implicado un reconocimiento internacional de la oposición- y se limitó-a hablar de una comisión de apoyo al gobierno de Morales para encarar un diálogo nacional. Asimismo, la chilena no pudo imponer su idea de una misión conjunta UNASUROEA, ya que tanto Evo como su aliado Hugo Chávez entendían que incluir en ella al organismo interamericano implicaba abrir la puerta a una acción de Estados Unidos. Pese a eso, nadie se plegó al conocido rap antinorteamericano del bolivariano, que -como Morales- la semana pasada echó al embajador norteamericano y hasta amenazó con una intervención militar para defender a su aliado.
El clima de la hermética reunión fue calificado de « cordial» por testigos, y mandatarios que mantienen relaciones tan incómodas como Chávez y el colombiano Alvaro Uribe se esforzaron por mostrarse amables e intercambiar bromas.
La presidente argentina hizo una firme defensa de su par boliviano, denunció los actos de discriminación en contra de él en que incurre parte de la oposición autonomista por su carácter de indígena y advirtió sobre ataques a los derechos humanos en las protestas de esos grupos.
¿Fuerza o diálogo?
«Evo, ¿la fuerza o el diálogo? Esto se arregla con un poco de fuerza y un poco de diálogo», le dijo en un momento el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, a lo que el boliviano respondió que no sabe por cuánto tiempo más podrá contener a sus bases, quienes quieren pasar a la acción contra los opositores.
Horas antes, a su arribo al Palacio gubernamental de La Moneda, el líder indígena había denunciado ante sus pares un golpe «cívico prefectural» en su contra, con «saqueo y robo a instituciones del Estado, intento de asalto a la policía nacional y a las Fuerzas Armadas».
Además de los mandatarios mencionados, estuvieron presentes el paraguayo Fernando Lugo, el uruguayo Tabaré Vázquez, el ecuatoriano Rafael Correa y el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulza.
El conflicto desatado entre el gobierno socialista boliviano y los prefectos de cinco regiones autonomistas, que ya dejó 30 muertos en el departamento (provincia) de Pando, movilizó fuerzas regionales y locales. Pendiente de sus intereses gasíferos, Brasil sostuvo desde un inicio que «no reconocerá a ningún gobierno o intento de gobierno que quiera sustituir al gobierno constitucional de Bolivia».
Aún más, un asesor de Lula demandó «una solución rápida», que resguarde los « intereses nacionales» de Brasil. Es decir, la seguridad energética, que fue cuestionada cuando grupos opositores cortaron el suministro de gas la semana pasada.
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